Neurología
⭳ Abrir artículo (PDF)594.2 KBEste artículo fue revisado respecto a la Edición 3/2000. Ver esa versión →
Contenido del artículo
XIV DOLOR
- Definición
- Epidemiología
- Clasificación del dolor
- Neurobiología de la nocicepción y el dolor
- NOCICEPTORES Y FISIOLOGIA DEL NERVIO PERIFERICO
- EL ASTA DORSAL Y LAS VIAS NOCICEPTIVAS ASCENDENTES DEDOLOR
- TRAYECTOS ESPINOTALAMICOS Y OTROS SISTEMAS NOCICEPTIVOSASCENDENTES
- CORTEZA CEREBRAL Y DOLOR
- VIAS DE SUPRESION DEL DOLOR ENDOGENO
- Principios en la evaluación y tratamiento del dolor
- EVALUACION DEL DOLOR
- TRATAMIENTO FARMACOLOGICO DEL DOLOR
- INTERVENCIONES ANESTESICAS
- PROCEDIMIENTOS NEUROABLATIVOS
- TRATAMIENTOS FISICOS Y PSICOLOGICOS
- Tratamiento del dolor en padecimientos seleccionados
- TRASTORNOS DOLOROSOS QUE COMPLICAN LA INFECCION POR VIH Y EL SIDA
- DOLOR Y ENFERMEDAD DE CELULAS FALCIFORMES
- SINDROMES DE DOLOR EN LA ESCLEROSIS MULTIPLE
- ENFERMEDAD CEREBROVASCULAR
- LESION DE LA MEDULA ESPINAL
- Tratamiento del dolor en circunstancias especiales
XIV DOLOR
DR. RICHARD PAYNE
DR. ROBERT R. ALLEN
Definición
El Comité de Taxonomía de la Asociación Internacional de Dolor lo define como un proceso sensorial o emocional asociado con daño tisular.1 El dolor agudo, como el que ocurre en los traumatismos, alerta al paciente hacia la presencia de estímulos dañinos o potencialmente dañinos. El dolor crónico no es solo una extensión temporal del dolor agudo. La lesión tisular persistente y la activación de nociceptores, en especial en presencia de inflamación, causan cambios farmacológicos, fisiológicos y anatómicos en el procesamiento del sistema nerviso central de la información nociceptiva.2 También puede ocurrir dolor en ausencia de actividad nociceptiva.
El dolor agudo puede ser recurrente en los procesos patológicos como el cáncer,3 la anemia de células falciformes,4 el SIDA,5 la esclerosis múltiple,6 y otros padecimientos en los que se presenta lesión tisular recurrente, progresiva o ambas. El dolor crónico no puede ya advertir al paciente de la lesión, por lo que no tiene utilidad. El dolor agudo e intenso puede asociarse con ansiedad y temor, y suele acompañarse de activación fisiológica del sistema nervioso simpático. El estado denominado de dolor crónico es usado por algunos clínicos para describir a los pacientes que refieren dolor en forma prolongada, incluso si no existe un componente de daño tisular asociado. El dolor crónico se caracteriza por adaptación de la actividad simpática y desarrollo de síntomas vegetativos crónicos, incluyendo disminución en el apetito, malestar, alteraciones del sueño e irritabilidad. El estado de dolor crónico suele asociarse con depresión, enojo y otros estados afectivos.7
Epidemiología
El dolor es el motivo más común por el que los pacientes acuden al médico. Las molestias por un dolor reciente causan 40 millones de consultas anuales. Casi 64 millones de personas sufren dolor relacionado a traumatismos cada año. El dolor crónico es reponsable de pérdidas por $4 billones de dólares por días laborales perdidos por año, y se pierden hasta $65 millones por año como resultado de menor productividad laboral.8
El dolor que complica a las enfermedades agudas, crónicas o procedimientos médicos también es común. En Estados Unidos se realizan más de 20 millones de cirugías por año,9 y hasta 29 millones de personas presentan dolor posoperatorio no controlado. Alrededor de 35 millones de personas sufren cefalea crónica, y otros 16 millones tienen lumbalgia crónica. Las quemaduras causan secuelas muy dolorosas en hasta dos millones de personas cada año. Alrededor del 50 porciento de los pacientes con cáncer tienen dolor de severidad por lo menos moderada, y el 46 porciento de los pacientes con cáncer refieren un dolor que no puede controlarse solo con analgésicos.10 Casi todos los pacientes con cáncer avanzado tienen dolor severo.11,12 El SIDA se asocia con dolor en el 83 porciento de los pacientes.5
El dolor agudo y crónico puede considerarse como un problema de salud pública. Por fortuna se ha aprendido mucho sobre los mecanismos fundamentales del dolor. Este capítulo revisa los adelantos en la neurobiología de la nocicepción y los lineamientos clínicos actuales para evaluar y tratar el dolor agudo y crónico, incluyendo el llamado dolor neuropático, que es el que complica a la lesión o enfermedad neurológica.13
Clasificación del dolor
Tradicionalmente, el dolor asociado con enfermedades como cáncer o esclerosis múltiple ha servido como modelo del dolor agudo y crónico. Se han definido varios tipos fisiológicos de dolor: somático, visceral, neuropático y síndrome de dolor regional complejo, antes conocido como dolor simpático [ver tabla 1|.13,14
DOLOR SOMATICO
El dolor somático o nociceptivo ocurre como resultado de activación de nociceptores en los tejidos cutáneo y musculoesquelético profundo. Por lo general, el paciente puede localizar el dolor en forma exacta en el sitio del daño, puede sentirlo en la piel o más profundo en estructuras musculoesqueléticas.
DOLOR VISCERAL
El dolor visceral se debe a isquemia, infiltración, compresión, distensión y torsión o estiramiento de las vísceras torácicas, abdominales o pélvicas. Típicamente está mal localizado y con frecuencia se asocia con nausea, vómito y diaforesis; en especial cuando es agudo. El dolor visceral con frecuencia se refiere a sitios cutáneos distantes al sitio de la lesión (v.gr., dolor en la mandíbula asociado con presión subesternal profunda durante el infarto agudo del miocardio o dolor en el hombro con la irritación diafragmática. Puede ocurrir dolor en el sitio cutáneo referido.15 El dolor visceral es mediado por los sistemas nerviosos simpático y parasimpático. Se han identificado los llamados nociceptores silenciosos en los tejidos viscerales.16 Los nociceptores silenciosos no son activos hasta que son sensibilizados por estímulos inflamatorios y otros estímulos químicos. Una vez sensibilizados, estos receptores responden con muchas de las mismas características neurofisiológicas que los nociceptores en los nervios somáticos. La sensibilización de los nociceptores viscerales silenciosos ha sido implicada en el desarrollo de dolor abdominal crónico asociado con síndromes como enfermedad inflamatoria intestinal.
DOLOR NEUROPATICO
El dolor neuropático es causado por lesión en el sistema nervioso central o periférico y puede ocurrir sin lesión persistente al tejido.17 El dolor ocasionado por lesiones de los nervios periféricos (en especial lesiones de origen traumático y que interrumpen en forma parcial o completa la trasmisión sensorial aferente entre los sistemas periférico y del sistema nervioso central) se ha denominado en ocasiones dolor por desaferenciación. El dolor debido a lesión a la médula espinal o cerebro, en especial cuando complica a padecimientos vasculares, desmielinizantes o traumáticos del SNC, suele denominarse dolor central. El dolor ocasionado por lesión nerviosa suele ser severo y su calidad es diferente de la del dolor somatico o visceral. El dolor neuropático se describe como sordo y constante, con frecuencia con sensación de presión, exacerbado por paroxismos de sensación quemante o eléctrica. Estos paroxismos de dolor pueden asociarse con actividad espontánea y ectópica en los sistemas nervioso central y periférico.18,19
Rara vez es posible comprender del todo la fisiopatología del dolor en un paciente específico, y con frecuencia varios mecanismos fisiológicos diferentes originan dolor en el mismo paciente. Sin embargo, las inferencias clínicas respecto a los mecanismos de dolor en circunstancias específicas suelen permitir implicaciones diagnósticas y terapéuticas.13 Por eemplo, la presencia de un dolor paroxístico o lancinante origina la sospecha de etiología neuropática, incluso en ausencia de alteraciones sensoriales, motoras o de cambio en los reflejos. Los antidepresivos tricíclicos o los anticonvulsivantes pueden ser útiles para manejar el dolor lancinante cuando los analgésicos tradicionales, como los opioides o los antinflamatorios no esteroides (AINE) han fracasado.20,21
SINDROME DE DOLOR REGIONAL COMPLEJO
Un nuevo término, síndrome de dolor regional complejo (SDRC), es el preferido en lugar del término de distrofia simpática refleja o dolor simpático, para evitar inferencias respecto a la presencia o ausencia de afección simpática en el estado asociado de dolor.14 El SDRC se clasifica en dos tipos: el tipo I es el reconocido en forma tradicional y no incluye lesión a los nervios; el tipo II se asocia con el término histórico de causalgia, para distinguir a los pacientes con lesión nerviosa. Cualquiera de los tipos de SDRC puede presentar datos de hiperactividad simpática regional y responder a la interrupción simpática, siendo por tanto mediado por la vía simpática. Sin embargo, cualquiera puede también responder a tratamiento analgésico más convencional sin intervención sobre el sistema nervioso simpático. Los signos y síntomas de lesión nerviosa o distrofia (v.gr., atrofia muscular, osteoporosis y signos neurofisiológicos y electrofisiológicos de lesión neurológica) no son predictivos en la respuesta definitiva al tratamiento en el SDRC.22
Neurobiología de la nocicepción y el dolor
El dolor es una experiencia subjetiva que tiene componentes tanto sensoriales como afectivos. La percepción del dolor incluye una serie de procesos neurofisiológicos complejos23 que tienen cuatro componentes distintos: trasducción, trasmisión, modulación y percepción.24 La trasducción es el proceso por el que un estímulo nocivo es convertido a un impulso eléctrico en las terminales nerviosas sensoriales apropiadas.25 La trasmisión es la conducción de los impulsos que se originan desde el estímulo doloroso a través de los nervios hacia el SNC, con conecciones importantes en el tálamo y proyecciones a la corteza del cíngulo, de la ínsula y somatosensorial. La modulación altera la trasmisión del dolor. Existen evidencias de que existen mecanismos tanto inhibitorios como excitatorios que modulan la trasmisión del impulso nociceptivo tanto en los sistemas nervioso periférico como central.23,26 La percepción del dolor probablemente se localiza a nivel del tálamo, siendo la corteza esencial para la discriminación de experiencias sensoriales específicas.27,28 No es necesario que ocurran todos los pasos para que una persona sufra dolor. Por ejemplo, se piensa que la neuralgia del trigémino es causada por descargas medioaxonales iniciadas en el sitio de un nervio comprimido o desmielinizado. Este proceso ocurre en ausencia de trasducción de un estímulo químico a un nociceptor. Como otro ejemplo, puede no ocurrir modulación de un impulso doloroso si se lesionan trayectos específicos del sistema nervioso.
NOCICEPTORES Y FISIOLOGIA DEL NERVIO PERIFERICO
Los nociceptores aferentes primarios (NAP) son terminales nerviosas libres no especializadas que se encuentran prácticamente en todos los tejidos y que convierten los estímulos mecánicos, químicos y térmicos nocivos en un impulso eléctrico dentro del nervio [ver figura 1]. Los nociceptores normalmente no son activos en forma espontánea, pero pueden mostrar sensibilización y activarse, en especial cuando existe lesión térmica a la piel.30 Los nociceptores pueden activarse o sensibilizarse por químicos endógenos que se originan de los tejidos dañados y de las células del sistema inmune. Por ejemplo, la bradicinina, la serotonina, la histamina y los iones de potasio pueden activar nociceptores,31 y la interleucina-1, la prostaglandina E2, el leucotrieno B4 y el factor de crecimiento de los nervios pueden sensibilizar a los nociceptores.32 Los impulsos dolorosos son trasmitidos por fibras no mielinizadas (fibras C) y fibras con mielina muy delgada (A-delta). Alrededor del 10 porciento de todas las fibras nerviosas periféricas cutáneas mielinizadas llevan información nociceptiva, y más del 90 porciento de las fibras no mielinizadas son nociceptivas.31 La activación de una sola fibra A-delta es suficiente para causar dolor y la estimulación eléctrica directa de los nociceptores no mielinizados (C) se asocia con un dolor sordo o quemante.33 Los síntomas y signos positivos de enfermedad nerviosa periférica (v.gr., signo de Tinel o prueba de Lasegue positiva cuando existe compresión de la raíz S1) se asocian con actividad espontánea en el nervio periférico. Las parestesias son representadas por actividad paroxística ectópica y descargas de alta frecuencia (>220Hz) en el nervio periférico.34
La estimulación repetitiva del nociceptor puede causar daño tisular, disminuir el umbral de activación y producir hiperalgesia primaria (mayor dolor). El dolor causado por estímulos que normalmente no producen dolor, como presión o movimientos simples, puede ser resultado de nociceptores o un sistema nervioso sensibilizados.
La hiperalgesia secundaria se refiere a la expansión de la zona de hiperalgesia cutánea fuera del área de lesión [ver figura 1]. Es causada por cambios en el SNC por la lesión inicial.35 Es posible que la hiperalgesia secundaria se deba al llamado dolor diseminado que ocurre en ausencia de lesión o enfermedad activa o recurrente.
Inflamación
Una de las causas más comunes del dolor es la inflamación. Entre los mediadores inmunológicos, el leucotrieno B4, actuando a través de vías intracelulares recién descritas, puede tener un papel crucial en la inflamación, incluyendo la determinación de la magnitud y duración de la respuesta inflamatoria.36 Es probable que los nervios contribuyan al proceso de inflamación activa (i.e., inflamación neurogénica).37 Las neuronas sensoriales pueden liberar sustancia P y péptido relacionado al gen de la calcitonina, y las neuronas simpáticas aferentes pueden liberar prostaglandina E2.38 Estos procesos pueden perpetuar la inflamación, y podrían explicar los padecimientos inflamatorios crónicos de la piel, las articulaciones, el tubo digestivo y el cerebro.
Una cascada de eventos es responsable en gran parte del dolor asociado con padecimientos inflamatorios como la artritis, el cáncer, la infección y el dolor posquirúrgico. Los pasos de la cascada que incluye la conversión del ácido araquidónico a través de la cicloxigenasa a prostaglandians son terapéuticamente importantes porque son inhibidos por varios AINE. La administración espinal de AINE bloquea la hiperalgesia producida por la inyección de formalina en las patas traseras de los animales, lo que indica que las prostaglandinas son importantes en la acción antinflamatoria tanto central como periférica de los AINE.39 Los esteroides pueden bloquear el proceso inflamatorio en otros pasos en la cascada de la inflamación.
Los opioides pueden tener un sitio periférico de acción cuando existe inflamación.40 Los estudios han demostrado que los opioides administrados tópicamente a los tejidos periféricos en sitios de inflamación reducen la excitabilidad de la fibra aferente y son antinociceptivos. La inflamación puede alterar el perineurio y exponer los receptores a opioides preexistentes al ambiente externo.47 También existen receptores de opioides en células que migran al tejido inflamado.42 Consistentes con estas observaciones hechas en animales, la inyección intrarticular de morfina es eficaz en el tratamiento del dolor posoperatorio en humanos.43 Por lo tanto, la aplicación local de opioides que son polares y que no cruzan la barrera hemato-encefálica puede proporcionar analgesia potente en sitios periféricos de inflamación sin efectos adversos en el SNC, como sedación, náusea, depresión respiratoria y obnubilación mental.
EL ASTA DORSAL Y LAS VIAS NOCICEPTIVAS ASCENDENTES DE DOLOR
Las fibras aferentes primarias, cuyos cuerpos celulares se localizan en el ganglión de la raíz dorsal, conectan con una segunda célula neuronal, localizada dentro del asta dorsal de la médula espinal. Las fibras aferentes de los nociceptores entran a la médula espinal lateralmente en la raíz doral y ascienden o descienden varios segmentos en el trayecto de Lissauer antes de hacer sinapsis en el asta dorsal.
El asta dorsal consiste de seis láminas. Las láminas I y II son los sitios de terminación de las fibras primarias aferentes C. Juntas constituyen la sustancia gelatinosa, que es importante para la integración y modulación de la información nociceptiva que llega.44 La lámina V es el sitio en que se localizan neuronas de segundo orden y rango dinámico amplio (RDA) y nociceptivas específicas (NE), que reciben señales de neuronas primarias nociceptivas y no nociceptivas. Las neuronas NE responden solo a estímulos nocivos intensos en el campo receptivo periférico, las neuronas de RDA responden a estímulos inocuos y nocivos de muchos tipos. Ambos tipos de neuronas parecen ser importantes para codificar información nociceptiva: la respuesta de neuronas NE indica la presencia o ausencia de estímulos que dañan el tejido, mientras que la respuesta de neuronas de RDA proporciona infomración sobre la calidad y quizá la localización del estímulo.23 La variedad de los estados de dolor crónico puede explicarse en términos de los impulsos a estas células y sus conecciones supraespinales.
El primer sitio de modulación de la información nociceptiva en el SNC ocurre en el asta dorsal de la médula espinal. La sensibilización central es dependiente de la activación del receptor de N-metil-D-aspartato (NMDA) por aminoácidos excitatorios como el glutamato.45 El glutamato y los receptores NMDA se encuentran en alta concentración en el asta dorsal. El bloqueo de receptores NMDA por medicamentos como la ketamina, el dextrometorfán, la fenciclidina y el MK-801 reduce el aumento progresivo en el número de despolarizaciones evocadas por un solo estímulo en respuesta a la estimulación repetida de fibras periféricas C y puede también prevenir o terminar la sensibilización central una vez que esta haya comenzado.
El óxido nítrico (NO) es un neurotrasmisor excitador. Debido a que es un gas, puede difundir a través de la hendidura sináptica para inducir efectos retrógrados, como la liberación de glutamato y otros neurotrasmisores. También parece interactuar con neuronas adyacentes y la glía. Por lo tanto, la interferencia con la síntesis de NO tiene implicaciones importantes y diversas, incluyendo la reversión de la tolerancia a la morfina.46 La síntesis de NO incluye la activación e la enzima NO sintetasa, que es un proceso dependiente de NMDA [ver figura 2]. Esta enzima es activada por Ca2+, que ingresa a la célula por activación del receptor NMDA, un canal de calcio ionóforo.
TRAYECTOS ESPINOTALAMICOS Y OTROS SISTEMAS NOCICEPTIVOS ASCENDENTES
Los axones de las neuronas de RDA y NE en las láminas I y V se decusan en la sustancia gris central de la médula espinal y se convierten en proyecciones ascendentes de las vías neoespinotalámicas y paleoespinotalámicas. La vía neoespinotalámica se proyecta en forma monosináptica hasta el núcleo ventroposterolateral (VPL) del tálamo y quizá codifica la localización e intensidad del estímulo. La vía paleoespinotalámica envía múltiples proyecciones a la formación reticular del tallo cerebral y a las regiones mediales del tálamo antes de la terminación en el núcleo VPL. Se han identificado varios otros trayectos espinales ascendentes, incluyendo la vía espinohipotalámica, la vía espinorreticular, la vía espinopontoamígdala y el trayecto de la columna dorsal.47 Los trayectos espinorreticular y espinocervicotalámicos ascienden en el cuadrante dorsolateral ipsilateral (separado de las vías espinotalámicas en el cuadrante anterolateral) pero se unen con la vía espinotalámica en el lemnismco medial en el tallo cerebral. Las fibras de la columna dorsal trasmiten información propioceptiva y nociceptiva48 y ascienden en el lemnismo medial ipsilateral hasta el tálamo, la estimulación de estas fibras es uno de los objetivos en el alivio del dolor.48 Las vías de la columna dorsal pueden ser responsables de la recurrencia de los síntomas dolorosos después de los procedimientos ablativos selectivos en las vías espinotalámicas (v.gr., cordotomía).
El dolor de estructuras de cabeza y cuello es procesado a través de los nervios craneales V, VII, IX y los tres primeros nervios espinales cervicales. El núcleo espinal del trigémino y la formación reticular adyacente son el equivalente al asta dorsal espinal. Este núcleo tiene estructura laminar y conecciones sinápticas aferentes semejantes a las del asta espinal dorsal. Neuronas de segundo orden envían proyecciones axonales al otro lado del tallo cerebral y ascienden en el lemnismo medio contralateral, terminando eventualmente en el núcleo talámico ventroposteromedial (VPM).23 Los axones del complejo vertebrobasilar (VPL, VPM) se proyectan a la corteza somatosensorial parietal y el núcleo talámico medial lo hace al cuerpo estriado y a la corteza cerebral.
CORTEZA CEREBRAL Y DOLOR
Head y Holms postularon que el tálamo y la corteza eran esenciales para la percepción y discriminación del dolor.28 Las lesiones extensas de la corteza cerebral que destruyen el área somatosensorial pueden producir dolor mínimo o nulo, mientras que las lesiones corticales pequeñas y muy localizadas fuera de esta área pueden asociarse con dolor espontáneo y aumento en la percepción del dolor.17 Los estudios clásicos de mapeo cortical de Penfield demostraron que la estimulación cortical produce dolor, aunque con poca frecuencia.50 Los pacientes con lesiones de la corteza insular pueden manifestar un síndrome llamado asimbolia del dolor. Estos pacientes no general respuestas emocionales al dolor a pesar de umbrales normales en los estímulos dolorosos cutáneos contralaterales a la lesión insular.51 Un mayor apoyo del papel específico de la corteza en la percepción y procesamiento de los estímulos dolorosos proviene de estudios en animales que demuestran respuestas neuronales NE idénticas a las encontradas en el asta dorsal de la médula espinal.23
Una lesión en cualquier lugar de la vía espinotalámica y las proyecciones tálamocorticales puede causar dolor central.17 La hipoalgesia, o apreciación disminuida del estímulo doloroso, como un piquete o sensación térmica (en especial frío), suele acompañar en forma casi invariable a los trastornos de dolor de tipo central.17 Los mecanismos postulados para la hipoalgesia incluyen pérdida de las influencias inhibitorias en las vías excitadoras,17 así como la aparición de actividad talámica espontánea (principalmente VPL y VPM) en pacientes con síndromes de dolor central después del evento cerebrovascular.17
La imagen cerebral con tomografía de emisión de positrones (TEP) y las imágenes funcionales de resonancia magnética permiten la visualización de estructuras corticales y talámicas asociadas con el procesamiento de estímulos dolorosos esperimentales y naturales. Las áreas cortical y subcortical que se activan dependen del tipo de estímulo doloroso. En general, los estudios de imagen cerebral demuestran activaciónconstante del tálamo, la circunvolución anterior del cíngulo y la corteza de la ínsula.52,53 Las cortezas somatosensoriales primarias y secundarias se activan en forma menos constante.54 Sin embargo, los estudios de TEP indican que las áreas de activación cortical observadas en dolor inducido en forma experimental no necesariamente equivale a los datos en pacientes con dolor neuropático crónico.55
Las imágenes de TEP de personas normales sometidas a dolor inducido en forma experimental han demostrado que el flujo cerebral regional en el tálamo posterior contralateral está muy disminuido. Por el contrario, se observa mayor flujo sanguíneo cerebral regional en la ínsula anterior bilateral, la corteza parietal posterior, la corteza frontal lateral inferior bilateral y el vermis cerebeloso.52
La corteza cingular anterior ha sido reconocida por mucho tiempo como una región de percepción de dolor, y las lesiones dentro de esta región causan menor dolor. Esta área de corteza recibe mayor estímulo del tálamo medial. Evidencias recientes de los estudios de TEP han confirmado el papel crucial de la corteza anterior del cíngulo en los componentes afectivos de la experiencia dolorosa.56 La corteza anterior del cíngulo se activa en forma selectiva por estímulos térmicos dolorosos.53,55 La actividad metabólica es atenuada en la corteza anterior del cíngulo cuando los pacientes son sometidos a técnicas psicológicas que producen analgesia, como la hipnosis y la distracción activa.56 El interés en la corteza del cíngulo como blanco de neuroablación para el dolor intratable se basa en parte en las observaciones que sugieren que la corteza del cíngulo puede tener un papel clave en el procesamiento de la información nociceptiva.57
VIAS DE SUPRESION DEL DOLOR ENDOGENO
Las vías neuroanatómicas inhibitorias y excitatorias se originan en el núcleo ventorreticular medio del tallo cerebral y descienden en el fasículo longitudinal dorsal para modular la percepción y nocicepción del dolor.58 Varios neurotrasmisores importantes han sido identificados en estas vías descendentes, incluyendo norepinefrina, serotonina y compuestos opioides endógenos (v.gr., metionina-encefalina, leucina-encefalina y ß-endorfina).26 Las vías inhibitorias incluyen a las células de 'apagado', que son activadas por opioides, y las vías excitatorias a las de 'encendido', que son inhibidas por morfina. La actividad relativa de estas células determina el grado de inhibición que ocurre en esta vía de supresión de dolor.58 Se piensa que este mecanismo proporciona las bases fisiológicas para la acción de la morfina (y otros opioides), así como otros medicamentos analgésicos, como los antidepresivos tricíclicos y los agonistas adrenérgicos alfa.
Los compuestos antidepresivos tricíclicos, como la amitriptilina y la desipramina, bloquean la recaptura presináptica de serotonina y norepinefrina, aumentando sus acciones posinápticas en las vías descendentes de supresión del dolor.59 También se ha demostrado que los antidepresivos tricíclicos tienen actividad analgésica independientemente de sus efectos antidepresivos, en especial en estados de dolor neuropático como la neuropatía diabética y la neuralgia posherpética.60
Los medicamentos que son agonistas alfa2 en los receptores adrenérgicos de la médula espinal (v.gr., clonidina) producen analgesia al administrarse en el espacio epidural.61 La fentolamina, un antagonista del receptor adrenérgico alfa2, se ha usado también para manejar el dolor en síndromes de dolor regional, en especial cuando se sospecha dolor mediado por vía simpática. El efecto de la fentolamina puede predecir la respuesta al bloqueo simpático anestésico.62
La activación de esta vía descendente por acción de los opioides endógenos puede ser responsable del fenómeno de placebo y analgesia por acupuntura.26 Sin embargo, la reversibilidad no constante del placebo y la analgesia causada por acupuntura al emplear antagonistas de opioides (v.gr., naloxona) pone en duda esta teoría.
Principios en la evaluación y tratamiento del dolor
EVALUACION DEL DOLOR
En un estudio prospectivo de manejo del dolor por cáncer, el 63 porciento de 1,170 médicos evaluados indicó que las técnicas inadecuadas para evaluar el dolor eran la principal razón para la evolución subóptima y el manejo incompleto del dolor en la práctica clínica.63
El manejo exitoso del dolor inicia con una evaluación cuidadosa y exacta de la molestia [ver tabla 2]. La historia debe considerar la localización, calidad, duración, intensidad, patrón temporal y factores que aumentan o alivian el dolor. El clínico debe obtener información sobre la magnitud de la patología o daño tisular asociado con la enfermedad o padecimiento específico. En muchas enfermedades (v.gr., cáncer, SIDA y anemia de células falciformes), existe una relación burda entre el mayor dolor y la progresión de la enfermedad. Debe evaluarse el estado psicológico del paciente, así como el grado de adaptación y de apoyo familiar o social, ya que estos factores pueden influir en el significado y percepción del dolor y en la capacidad para cumplir con las recomendaciones terapéuticas. Para los pacientes con enfermedades potencialmente graves suele ser muy valioso que el médico hable con el paciente y la familia para evaluar el significado que el dolor tiene para el paciente.
Un examen detallado, incluyendo un examen neurológico dirigido, siempre es importante, en especial cuando se sospecha dolor de tipo neuropático. El estado mental del paciente debe valorarse para determinar la confiabilidad de su reporte de dolor.
Por lo general se requieren pruebas diagnósticas para determinar la etiología de la molestia. Es importante revisar los estudios radiológicos para asegurarse que se ha estudiado el área adecuada y valorar la importancia de los hallazgos anormales. Por ejemplo, un estudio de lumbalgia mostró que muchos datos anormales de la IRM que se pensaba se relacionaban con dolor no se asociaron con las molestias de los pacientes.64 Las alteraciones en parámetros de laboratorio específicos de enfermedad (v.gr., marcadores tumorales en pacientes con cáncer, niveles de hemoglobina y presencia de hemólisis en pacientes con anemia de células falciformes en crisis vaso-oclusivas, y cuentas de CD4 en pacientes con SIDA) son indicadores sensibles de progresión de la enfermedad y pueden relacionarse con dolor antes de que se desarrollen signos físicos objetivos o hallazgos radiográficos. Es útil realizar inferencias clínicas sobre los mecanismos fisiopatológicos del dolor, ya que estos pueden guiar las evaluaciones diagnósticas e incluso ayudar en la selección de analgésicos y otros tratamientos para el dolor. El clínico tiene el compromiso de analizar en forma crítica el éxito del tratamiento evaluando en forma periódica a los pacientes en intervalos específicos, en especial cuando el dolor no se ha resuelto.
TRATAMIENTO FARMACOLOGICO DEL DOLOR
La evaluación cuidadosa de los factores médicos y psicológicos relevantes para el paciente con dolor debe permitir un tratamiento adecuado. Existen varias estrategias básicas para el manejo del dolor [ver tabla 3]. Aunque la farmacoterapia constituye la base del tratamiento para la mayoría de los casos de dolor, los médicos con experiencia en el tratamiento del dolor individualizan e integran con éxito las modalidades terapéuticas para cada paciente. Los medicamentos analgésicos deben prescribirse solo después de una evaluación para lograr el mejor equilibrio entre el alivio del dolor y la maximización de la función, de acuerdo con los objetivos señalados para ese paciente.65
La Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolló una escala analgésica de tres etapas para el uso de analgésicos en el tratamiento del dolor por cáncer. El algoritmo se ha ampliado a otros padecimientos.66 Por ejemplo, los clínicos con experiencia apoyan el uso de opioides para el dolor crónico de origen no maligno (v.gr., artritis, anemia de células falciformes, dolor lumbar asociado con osteoartritis y osteoporosis) en pacientes cuidadosamente seleccionados.67 En general, debe considerarse el tratamiento opioide a largo plazo para el dolor no maligno cuando el tratamiento analgésico proporciona un alivio constante del dolor y mejora la función del paciente.
La escala de analgésicos de la OMS equipara el reporte del paciente de la intensidad del dolor con los tipos específicos de analgésicos. Los pacientes con dolor leve pueden tratarse con un analgésico no opioide, como acetaminofén, aspirina o un AINE [ver tabla 4]. Para el dolor moderado que no puede manejarse en forma eficaz por medicamentos no opioides, el paso II de la escala de la OMS recomienda la prescripción de los llamados opioides débiles (v.gr., codeína, hidrocodona u oxicodona) [ver tabla 5]. En teoría, los opioides no tienen un tope en relación con su eficacia analgésica. Estos medicamentos se clasifican como débiles, sin embargo, por sus efectos adversos como náusea y sedación, con frecuencia se presentan en combinaciones fijas con acetaminofén o aspirina, que limitan la dosis. Para el dolor severo que no se alivia con opioides débiles debe usarse un opioide fuerte (v.gr., morfina, hidromorfona, metadona o fentanil), ya sea solo o en combinación con un no opioide (paso III) [ver tabla 5]. En cualquier momento de la escala pueden usarse ciertos adyuvantes analgésicos para tratar síndromes específicos de dolor o contrarrestar los efectos adversos de los analgésicos opioides [ver tabla 6]. Los pacientes que presentan dolor severo deben iniciar en la fase tres de la escala y no pasar por las dos fases previas. Este enfoque terapéutico fue validado en estudios de tratamiento del dolor por cáncer. Un estudio incluyó a 2,118 pacientes con más de 140,000 días de tratamiento,68 y se observó un resultado positivo en el 88 porciento de los pacientes.
Analgésicos no opioides
La clase no opioide de analgésicos incluye acetaminofén, aspirina y AINE. A diferencia de los analgésicos opioides, estos medicamentos no producen dependencia física o tolerancia, pero tienen un límite intrínseco a su eficacia analgésica. Tanto la dosis eficaz mínima como la máxima pueden variar entre las personas. En algunos pacientes puede ser necesario ajustar la dosis dentro de un margen angosto.69
Los AINE inhiben la enzima cicloxigenasa (COX), inhibiendo así la síntesis de prostaglandinas.70 Las prostaglandinas sensibilizan y activan nociceptores y tienen también un efecto sobre la biosíntesis de prostaglandinas en sitios del SNC.39 Debido a que los AINE y los opioides tienen mecanismos diferentes de acción, los lineamientos de la OMS y otros han recomendado la administración concomitante de ambos tipos de fármacos para proporcionar analgesia aditiva.12 Sin embargo, este efecto aditivo no se ha confirmado en meta-análisis más recientes de estudios con dosis repetidas.71
Los efectos adversos son más comunes con el uso de la mayoría de los analgésicos no opioides. Todos pueden asociarse con toxicidad gastrointestinal, y la complicación más seria son las úlceras y la hemorragia. Los riesgos de hemorragia gastrointestinal no son los mismos para todos los medicamentos.72 Esto puede deberse a que algunos AINE inhiben en forma selectiva la isoforma COX-2 que es inducida en presencia de inflamación y no es crucial para mantener el flujo sanguíneo renal y la integridad de la mucosa gastrointestinal. Los inhibidores selectivos de COX-2 (v.gr., etodolaco y nabumetone) tienen menos efectos adversos sobre la mucosa gastrointestinal y renales.73
El uso regular y a largo plazo de acetaminofén o AINE confiere un riesgo significativamente mayor de enfermedad renal terminal.74 El acetaminofén es equivalente a la aspirina en términos de eficacia analgésica, suele ser bien tolerado y no se asocia con los riesgos de hemorragia gastrointestinal que se asocian a los AINE. El acetaminofén es un inhibidor leve de COX, lo que al parecer explica su escasa potencia antinflamatoria.
Analgésicos opioides
Los analgésicos opioides son la base del tratamiento del dolor severo agudo y crónico. Se clasifican como agonistas puros o agonistas-antagonistas con base en sus interacciones con receptores opioides y los efectos que producen [ver tabla 5]. Los medicamentos agonistas-antagonistas incluyen butorfanol, nalbufina, pentazoina y dezocina. Esta clase de opioides son agonistas parciales en los receptores opioides kappa y antagonistas en los receptores opioides mu. Debido a que son agonistas parciales, tienen un límite en su eficacia analgésica. Con frecuencia producen efectos psicomiméticos al interactuar con receptores opioides kappa. Por último, pueden precipitar supresión cuando se administran a pacientes físicamente dependientes de agonistas mu como la morfina. Por estos motivos, los opioides agonistas-antagonistas no se recomiendan para el tratamiento de los pacientes con dolor crónico.12,75 Son útiles para el tratamiento en dosis única o por corto plazo del dolor agudo en pacientes vírgenes a opioides.
Deben seguirse ciertos principios cuando se usan analgésicos opioides en el tratamiento del dolor por cáncer. Cuando el dolor es continuo los opioides deben administrarse con horario.12,75 La administración por razón necesaria suele causar que el paciente experimente múltiples periodos de dolor durante el día; este tipo de administración no se recomienda excepto para las primeras 24 a 48 horas del inicio del tratamiento opioide para determinar la dosis requerida por día. Una vez que se ha determinado la dosis diaria óptima, el opioide debe prescribirse con horario, de preferencia en una fórmula de acción prolongada (i.e., liberación sostenida o transdérmica). Muchos pacientes presentan un incremento transitorio en el dolor sobre un nivel basal.76 Para esto debe disponerse de una dosis de rescate de un opioide de acción corta, igual a alrededor del 10 a 20 porciento de la dosis programada para todo el día.76
Existe variación importante entre los individuos en la dosis que se requiere para la analgesia adecuada, incluso en pacientes con síndromes de dolor semejantes.77 La variabilidad en la respuesta a los opioides tiene componentes farmacocinéticos y farmacodinámicos. Se ha demostrado que los factores genéticos son importantes para determinar la respuesta a los opioides.78,79 Alrededor del 15 porciento de los blancos no tienen la enzima de fosforilación oxidativa CPDY211, que se requiere para metabolizar la codeína a morfina y, por tanto, requieren de dosis más altas de codeína. En un análisis retrospectivo, Kaiko y colaboradores observaron que los negros y los orientales que participaron en estudios clínicos de una sola dosis para determinar la eficacia a opioides reportaron el doble del efecto analgésico que los blancos.79 El sexo también es un factor en la respuesta a opioides. Las mujeres que recibieron el medicamento agonista kappa butorfanol reportaron mayor analgesia que los hombres.80
La morfina es el agente más empleado para el dolor severo a moderado por su disponibilidad, farmacología bien definida y costo relativamente menor.12,66 Sin embargo, la selección de un opioide debe basarse en factores como la conveniencia de administración, el costo, el cumplimiento y el perfil de efectos adversos para cada paciente individual. El uso a largo plazo de meperidina no se recomienda porque puede ocurrir acúmulo del metabolito tóxico normeperidina, con inquietud y crisis convulsivas.81
Cuando un paciente desarrolla efectos adversos intolerables por un opioide puede ser útil cambiar a otro analgésico opioide para obtener un balance más favorable entre la analgesia y los efectos adversos.82 El conocimiento de las dosis equianalgésicas de los diferentes opioides facilita el cambio de uno a otro [ver tabla 7]. Debido a que la tolerancia cruzada entre los opioides no es completa, se recomienda iniciar con la mitad de la dosis equianalgésica del nuevo medicamento.83
Ciertos medicamentos adversos son comunes a todos los analgésicos opioides. La constipación es casi universal, y todo paciente debe recibir un esquema profiláctico para evitarla. El programa típico incluye el uso de un laxante con base de senósidos, suplementado según se requiera por lactulosa o leche de magnesia. La sedación es común al inicio del tratamiento después de un aumento de dosis, pero suele resolverse en algunos días. La sedación persistente puede tratarse aumentando la dosis de cafeína en la dieta o usando un psicoestimulante, como metilfenidato o dextroanfetamina, en dosis bajas [ver tabla 6]. Ocurre náusea y vómito en hasta el 30 porciento de los pacientes que toman opioides, pero ésta se resuelve en algunos días. Cuando no, puede requerirse el uso de un fármaco antiemético (v.gr., fenotiacina o metoclopramida).
La confusión y las alucinaciones son mucho menos comunes (< 15 porciento de los pacientes) pero suelen requerir reducción de la dosis o cambio a otro analgésico opioide. La confusión y el delirio tienen muchas otras causas potenciales en los pacientes con enfermedad. Por lo tanto, cuando ocurre un cambio en el estado mental en un paciente con un esquema de opioides estable, debe considerarse la revaloración del estado de la enfermedad antes de atribuir la confusión al opioide.84 Otros efectos adversos relativamente infrecuentes incluyen boca seca, obstrucción urinaria y prurito.
La depresión respiratoria es una complicación poco frecuente en los pacientes que reciben opioides por tiempo prolongado. El dolor actúa como un antagonista fisiológico de los efectos depresores de los opioides sobre el SNC. También se desarrolla tolerancia a estos efectos.83 Los pacientes con riesgo de depresión respiratoria son los que tienen mayores incrementos en las dosis de opioides (típicamente > 50 porciento), y el riesgo es mayor cuando se administran sedantes en forma conjunta o cuando un anestésico o procedimiento neuroquirúrgico elimina el efecto estimulante del dolor. Con frecuencia el opioide naloxona es inadecuado para revertir la depresión respiratoria y la sedación en pacientes con cáncer que toman opioides por tiempo prolongado.85 Deben intentarse medidas simples, como la estimulación física vigorosa para despertar al paciente, y excluir otras causas de depresión respiratoria antes de que el dolor regrese por la inyección de naloxona IV y que se inicie un síndrome iatrogénico de abstinencia a opioides. Cuando se requiere naloxona para los pacientes que han estado tomando opioides por tiempo prolongado, debe diluirse una ampolleta de 0.4 mg en 10 ml de solución salina y administrarse en un bolo IV lento.85
Los opioides pueden administrarse por infusión IV continua o subcutánea en los pacientes que no pueden recibirlos por vía oral, como los que tienen náusea y vómito intratable o que presentan tubos digestivos no funcionales.86 La vía subcutánea se ha recomendado porque la farmacocinética de la morfina y la hidromorfona a través de la vía subcutánea es semejante a la vía IV y la administración subcutánea proporciona un grado de analgesia semejante y más conveniente a menor costo.
La tolerancia y la dependencia física, dos consecuencias farmacológicas predecibles de la administración con opioides a largo plazo, no deben confundirse con la dependencia psicológica o la adicción. La tolerancia se refiere a la necesidad de aumentar la dosis del medicamento para mantener el mismo efecto analgésico. En el área clínica, la tolerancia de los efectos analgésicos a los opioides rara vez constituye un problema importante en pacientes con síndromes de dolor estables.83 Por lo general, la ncesidad de aumentar la dosis de opioides para mantener la analgesia implica empeoramiento del dolor como resultado de enfermedad progresiva. Un requerimiento de mayor dosis no debe solo atribuirse a la tolerancia a los opioides, que está indicada por un acortamiento progresivo de la duración de la analgesia, lo que implica un cambio en la respuesta del receptor al opioide.83 La dependencia física se refiere al desarrollo de un síndrome de supresión con suspensión súbita del tratamiento o reducción sustancial de la dosis. Este fenómeno puede ocurrir cuando se administran dosis repetidas de opioides por más de algunos días.87
La tolerancia y la dependencia física no implican dependencia psicológica o adicción a fármacos, aunque con frecuencia éstas coexisten. La adicción es un síndrome psicológico y de comportamiento caracterizado por uso compulsivo del fármaco,pérdida del control y uso continuo a pesar del daño al paciente.87 En el tratamiento del dolor por cáncer con opioides a largo plazo, la adicción se desarrolla muy rara vez, aunque la dependencia física es casi universal.87 El temor exagerado a la adicción por parte del paciente, del médico y del público en general, así como el temor por parte del médico sobre el escrutinio de su práctica por comités reguladores de fármacos,88 constituyen barreras para el tratamiento adecuado del dolor.63
Analgésicos adyuvantes
Los analgésicos adyuvantes son un grupo diverso de medicamentos indicados para usarse en ciertas circunstancias y como medio para contrarrestar los efectos adversos de los opioides en otras [ver tabla 6].65 Estos medicamentos pueden usarse solos o en combinación con analgésicos opioides y no opioides en cualquier fase de la escala analgésica de la OMS.
Con excepción de los antidepresivos tricíclicos y de los anticonvulsivantes, el uso de fármacos adyuvantes en el dolor por cáncer es empírico. Existen pocos estudios aleatorios y controlados para definir las indicaciones para su uso en pacientes con dolor. Se ha comprobado que la amitriptilina, la imipramina, la nortriptilina y la desipramina tienen cierta eficacia analgésica en el dolor crónico, en especial de origen neuropático.20 Los nuevos inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina, aunque con menos efectos adversos que los antidepresivos tricíclicos, tienen eficacia variable como analgésicos. Un estudio controlado y aleatorio en el que se usó fluoxetina en neuropatía diabética, no demostró efecto analgésico en los pacientes no deprimidos.89 Sin embargo, la paroxetina pareció ser eficaz en el tratamiento de la neuropatía diabética dolorosa.90
Los medicamentos anticonvulsivantes pueden ser eficaces en el manejo del dolor neuropático, en especial de los síndromes asociados con dolor paroxístico o lancinante.91 El clonacepam puede ser útil para manejar las mioclonías que ocurren como efectos tóxicos del tratamiento con opioides en dosis altas.92
La lidocaína IV suele proporcionar alivio rápido del dolor neuropático.93 Aunque el efecto es por corto plazo, puede persistir por más tiempo que la duración de la infusión.94 En un estudio aleatorio y controlado de dolor neuropático por cáncer, la lidocaína IV no fue más eficaz que el placebo.95 La mexiletina, un análogo oral de la lidocaína, se ha usado para manejar el dolor neuropático crónico.96
Los síndromes de dolor neuropático periférico responden en ocasiones a agentes tópicos.97 La crema de capsaicina (a concentrción del 0.075 porciento) parece reducir la neuropatía diabética, la neuralgia posherpética y el dolor posmastectomía.98,99
Los esteroides pueden aliviar con rapidez el dolor óseo metastásico, la compresión nerviosa, la cefalea asociada con tumores cerebrales y la compresión de la médula espinal epidural.100 Debido a que existe la posibilidad de efectos adversos serios con el uso prolongado, los esteroides deben mejor reservarse para el uso a corto plazo o para pacientes con enfermedad avanzada.
Los psicoestimulantes, como la cafeína,101 el metilfenidato, la pemolina y la dextroanfetamina, son también útiles en el tratamiento del dolor por cáncer. Se ha demostrado que el metilfenidato aumenta el efcto analgésico de los fármacos opioides y disminuye la sedación asociada con su uso.102 Estos estimulantes son más útiles en pacientes que están recibiendo analgesia adecuada por opioides pero cuya calidad de vida se compromete por la sedación excesiva.
INTERVENCIONES ANESTESICAS
Administración intraespinal de analgésicos
Los opioides analgésicos pueden introducirse en el espacio epidural o intratecal para el tratamiento de pacientes seleccionados con dolor por cáncer. Las dosis pequeñas de opioides administradas por estas vías quedan colocadas muy cerca de sus receptores en el asta dorsal de la médula espinal, con lo que se logra una alta concentración local de opioides. Debido a la cantidad de fármaco administrada, se logra buena analgesia con menos efectos adversos.103 Los opioides administrados por vía espinal pueden usarse en los pacientes cuyo dolor responde por lo menos en forma parcial a los opioides pero que no toleran los efectos adversos de los mismos por vía oral o parenteral.104
Se piensa que los efectos adversos de los opioides espinales se deben en parte a la redistribución supraespinal del fármaco. Estos incluyen prurito, retención urinaria, náusea, vómito y depresión respiratoria.105 La depresión respiratoria puede ocurrir pronto (en 1 a 2 horas) o ser más tardía (en 6 a 24 horas), pero el riesgo es muy bajo en pacientes que no son vírgenes a opioides. En algunos pacientes puede desarrollarse tolerancia a los efectos analgésicos de los opioides espinales con relativa rapidez.103,105
La colocación del catéter se asocia con un riesgo bajo pero definido de infección epidural. Sin embargo, la analgesia epidural a largo plazo es segura y eficaz cuando los pacientes son vigilados con cuidado y reciben tratamiento pronto en cuanto se desarrollan signos de infección.106,107 En condiciones ideales, cuando se considera el uso de opioides espinales para el tratamiento del dolor lumbar en pacientes con cáncer, debe realizarse una IRM de la columna antes de la colocación del catéter epidural para evitar el deterioro neurológico inesperado por la inyección en presencia de un tumor epidural.103
Pueden administrarse otros fármacos en el espacio epidural como adyuvantes a la analgesia opioide. La clonidina epidural peude ser eficaz en pacientes seleccionados con dolor por cáncer, en especial dolor neuropático, que suele responder poco a los opioides espinales.108 La coadministración de anestésicos locales, como bupivacaína (en concentración del 0.025 porciento) y los opioides en el espacio epidural pueden aumentar también la analgesia en casos seleccionados, en especial cuando se desarrolla tolerancia a los opioides.109
Anestesia regional local o bloqueo nervioso neurolítico
Los bloqueos de los nervios periféricos son muy útiles para el tratamiento del dolor somático bien localizado. Ejemplos incluyen el bloqueo de nervios intercostales para el dolor de la pared torácica, el bloqueo del ganglio de Gasser para el dolor craneofacial y el bloqueo paravertebral para el dolor radicular.110 Con frecuencia se usa como escrutinio el bloqueo temporal de los nervios periféricos por inyección de un anestésico local de acción corta. En los pacientes que responden bien al bloqueo temporal, el bloqueo neurolítico con alcohol absoluto o fenol puede proporcionar alivio importante. El bloque neurolítico subaracnoideo puede ser eficaz en pacientes con enfermedad avanzada y dolor limitado a algunos segmentos espinales. Los procedimientos neurolíticos son más apropiados para los pacientes con expectancia de vida limitada. Los bloqueos neurolíticos retrasan el desarrollo del dolor por desaferenciación en 6 a 12 meses.
El bloqueo del sistema nervioso simpático puede proporcionar alivio eficaz del dolor en casos seleccionados. Un meta análisis reciente mostró que el bloqueo del plexo celiaco constituye una técnica muy eficaz para manejar el dolor relacionado con neoplasias intrapancreáticas y otros cánceres abdominales.111 El bloqueo del plexo hipogástrico superior es eficaz en algunos pacientes con dolor pélvico intratable de origen maligno.112 El bloqueo del ganglio estrellado puede ser útil para tratar el dolor de la extremidad superior o de las neoplasias de cabeza y cuello, mientras que el bloqueo simpático lumbar en ocasiones es eficaz para el dolor asociado con tumores pélvicos o infiltración del plexo lumbosacro. Sin embargo, faltan estudios de eficacia comparativa entre estos procedimientos y la farmacoterapia agresiva.
PROCEDIMIENTOS NEUROABLATIVOS
Los procedimientos neuroablativos proporcionan alivio del dolor al modificar las vías del mismo. Deben considerarse para los pacientes con dolor por cáncer cuando la farmacoterapia es inadecuada o se asocia con efectos adversos no aceptables. También puede beneficiar a los pacientes incapacitados con dolor relacionado al movimiento, que es difícil de manejar por medios farmacológicos. En general, los procedimientos neuroablativos son más adecuados para pacientes con expectancia de vida corta, porque puede ocurrir recurrencia tardía del dolor, que en ocasiones es más severo que el inicial, después de la desaferenciación.113
La cordotomía cervical interrumpe la vía espinotalámica lateral ascendente. Este procedimiento neuroablativo muy empleado suele realizarse por vía percutánea al crear una lesión de radiofrecuencia. La cordotomía está indicada para los pacientes con dolor unilateral en la extremidad inferior de origen maligno.113 Es menos útil para tratar el dolor en la línea media o bilateral. En general el dolor nociceptivo responde mejor a la cordotomía, mientras que el dolor neuropático o de desaferenciación se alivia en forma menos confiable. Las cordotomías bilaterales pueden causar disfunción vesical y sexual o compromiso respiratorio, y no se recomiendan.114
La mielotomía comisural interrumpe las fibras de las vías espinotalámicas porque éstas se decusan en la línea media. Puede ser eficaz para pacientes seleccionados con dolor en la extremidad inferior en la línea media o bilateral de origen maligno. La mielotomía se asocia con un riesgo relativamente bajo de producir alteraciones en la función intestinal, vesical o motora. Sin embargo, requiere de un procedimiento quirúrgico, que suele incluir una laminectomía de varios niveles. Se ha sugerido la realización de una mielotomía más limitada, en la que se realizan lesiones en la columna dorsal en forma selectiva para el alivio del dolor visceral pélvico intratable.115 Este procedimiento se basa en datos recientes de una vía anatómica nociceptiva específica que se origina en las vísceras pélvicas y asciende a las columnas dorsales.116
Se han usado las rizotomías selectivas de la zona de entrada de la raíz dorsal (RZERD) para tratar síndromes de dolor específico. La rizotomía dorsal interrumpe las raíces de los nervios sensoriales posteriores, por sección quirúrgica del nervio o neurolisis química. Puede ser eficaz para el dolor intratable de la pared torácica causado por invasión tumoral o para el dolor intratable en la región de la cabeza y cuello relacionado con tumores invasores. La ablación por RZERD es útil para tratar la avulsión dolorosa del plexo braquial; esta condición se ha asociado con focos de células hiperexcitables en las capas superficiales de la RZERD que se piensa son responsables del dolor lancinante tan importante en este padecimiento.117 Sin embargo, hasta el 30 porciento de las fibras aferentes entran a la médula espinal a través de la raíz ventral,118 y esta puede ser la razón por la que estos procedimientos neuroablativos, así como las lesiones de RZERD y las rizotomías dorsales fallan con frecuencia para producir alivio permanente del dolor. Como cualquier procedimiento neuroablativo, la rizotomía dorsal es más adecuada para pacientes con una expectancia de vida limitada, pero puede beneficiar a algunos pacientes con síndromes de dolor no maligno, especialmente postraumático.
La cingulotomía se ha usado para manejar el dolor difuso y de la línea media de origen óseo y visceral.119 El mecanismo de alivio del dolor se desconoce.
La ablación de la glándula hipófisis por medios químicos, de radiofrecuencia o radioquirúrgicos pueden producir efectos analgésicos diseminandos en pacientes con dolor óseo metastásico refractario a la quimioterapia primaria, radioterapia o intervenciones analgésicas agresivas.120 El mecanismo de la analgesia se desconoce, pero puede lograrse alivio del dolor en tumores tanto dependientes como independientes de hormonas.
TRATAMIENTOS FISICOS Y PSICOLOGICOS
Los enfoques no farmacológicos casi siempre se usan como adyuvantes al manejo farmacológico del dolor, pero pueden ser útiles en todos los pacientes. La aplicación de calor o frío puede aliviar el dolor por espasmo muscular. Los masajes son útiles en el manejo del dolor miofascial. Las técnicas de contrastimulación, incluyendo la estimulación eléctrica nerviosa transcutánea (TENS), parecen modificar la trasmisión de los impulsos dolorosos y reducir la intensidad del dolor en algunos pacientes.121 Sin embargo, un estudio controlado y aleatorio de TENS en la lumbalgia crónica no fue eficaz.122
El apoyo psicológico es importante para los pacientes con cáncer y dolor. La educación respecto a la causa del dolor, la relación del dolor con el cáncer subyacente y la evolución esperada del dolor son aspectos cruciales. El paciente debe comprender las razones por las que se ofrece un determinado tratamiento analgésico. Tranquilizar al paciente en relación con el miedo al uso de narcóticos mejora el cumplimiento. El estrés emocional o psicológico modifica la actitud del paciente hacia el dolor. Algunos pacientes pueden requerir psicoterapia de apoyo o evaluación psiquiátrica para la valoración y tratamiento de la depresión u otros padecimientos. Las técnicas de relajación, la imagen mental y la hipnosis, pueden introducirse como un adyuvante en cualquier fase del manejo farmacológico del dolor. Estas intervenciones psicológicas y farmacológicas pueden aumentar los efectos de los analgésicos y disminuir la ansiedad y el estrés emocional al aumentar la sensación de autonomía y control del paciente sobre su dolor.
Tratamiento del dolor en padecimientos seleccionados
Muchos procesos crónicos, incapacitantes o terminales pueden asociarse con dolor severo. Ejemplos incluyen el dolor asociado con SIDA, artritis y esclerosis múltiple, el dolor central después de un evento cerebrovascular, y el dolor musculoesquelético secundario a inmovilidad articular que complica enfermedades neurodegenerativas como enfermedad de Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica y enfermedad de Alzheimer. Los defectos al nacimiento relacionados con prematurez y los traumatismos durante el nacimiento que causan deficiencias neurológicas catastróficas pueden asociarse con dolor en el neonato que es especialmente problemático de evaluar y tratar. La investigación de la fisiología de la nocicepción en el sistema nervioso en vías de desarrollo apenas comienza, y la evaluación del dolor en los niños que aún no hablan es difícil.123
TRASTORNOS DOLOROSOS QUE COMPLICAN LA INFECCION POR VIH Y EL SIDA
El dolor es un problema significativo en el SIDA.5 Alrededor del 50 porciento de los síndromes dolorosos en los pacientes con SIDA se relacionan en forma directa con la infección por VIH y el 30 porciento se relaciona con el tratamiento para la infección por VIH. Los síntomas neuropáticos en los pacientes con SIDA y neuropatía periférica son frecuentes. Son comunes la polineuropatía aguda y crónica, la neuropatía sensorial distal simétrica, la plexopatía braquial, la neuralgia posherpética, la neuropatía craneal y las cefaleas por meningitis aguda y crónica. También se ha reportado un síndrome de dolor cental que se asocia con abscesos de toxoplasma en el tálamo.124 Otras complicaciones del SIDA incluyen la enfermedad gastrointestinal infecciosa que causa esofagitis y dolor abdominal, el dolor torácico por neumonía por neumocistis y las mialgias generalizadas.
DOLOR Y ENFERMEDAD DE CELULAS FALCIFORMES
Las hemoglobinopatías secundarias al fenotipo de células falciformes producen episodios de dolor agudo y crónico.4 El dolor es un indicador de severidad de la enfermedad, los pacientes que sufren más de tres episodios vasoclusivos por año tienen mayor mortalidad que los que tienen estos episodios con menos frecuencia.125 Los episodios de vasoclusión con isquemia e inferto provocan dolor focal agudo y severo en el hueso, músculo y visceral que caracteriza a la forma recesiva homocigota de la enfermedad.
SINDROMES DE DOLOR EN LA ESCLEROSIS MULTIPLE
Entre el 55 y el 82 porciento de los pacientes con esclerosis múltiple se quejan de dolor.6 Las descargas espontáneas y ectópicas en axones desmielinizados parecen ser la causa del dolor paroxístico, como la neuralgia del trigémino, que con frecuencia complica a la esclerosis múltiple. El dolor periorbitario con movimiento ocular de neuritis óptica puede deberse a tracción de las meninges que envuelven el nervio óptico edematizado. El dolor en las extremidades, en especial con un componente disestésico y sensaciones dolorosas como de descarga eléctrica (v.gr., signo de Lhermitte asociado con flexión del cuello) parece ser resultado de desmielinización de la columna posterior y conducción de impulsos efápticos. Otras causas de dolor en las extremidades y columna en la esclerosis múltiple se atribuyen a alteraciones musculoesqueléticas secundarias a la marcha anormal y postura típica de los pacientes con afección más severa.
ENFERMEDAD CEREBROVASCULAR
Se desarrolla dolor central posevento cerebrovascular en el 1 a 2 porciento de los pacientes. La menor sensación a la temperatura en el lado afectado casi siempre acompaña al dolor central.126 El síndrome de dolor central puede retrasarse durante varios años después del evento cerebrovascular. El dolor puede ser superficial o profundo, casi siempre es severo y puede asociarse con hiperalgesia y alodinia. Pueden ocurrir paroxismos de dolor severo, en ocasiones originados por estrés emocional o movimiento. Otra causa común de dolor en el paciente hemiplégico es el dolor mecánico del hombro no relacionado a la lesión central.126
LESION DE LA MEDULA ESPINAL
Puede ocurrir dolor central por una lesión traumática en cualquier nivel de la médula espinal, por lo general en el área del déficit en la médula o en las raíces somatosensoriales. Si la raíz nerviosa está lesionada, puede agregarse dolor neuropático en una distribución radicular al dolor central de origen medular. La fisiopatología del dolor central causado por una lesión de la médula espinal no es común, y no todas las personas con lesiones semejantes desarrollan dolor. Las lesiones traumáticas de la médula que se han reportado causan dolor central incluyen hemisección de la médula, hematomielia cervical, lesiones vasculares y siringomielia. Los esteroides en dosis altas administrados horas después de la lesión pueden aliviar el dolor agudo y ayudar a la recuperación de la función neurológica.127
Tratamiento del dolor en circunstancias especiales
DOLOR EN EL LACTANTE O NIÑO QUE NO HABLA
Aunque no es un problema común en la medicina paliativa, la evaluación y el tratamiento del dolor en el niño muy pequeño se asocia con riesgos importantes. En el feto humano están ya desarrolladas las vías neuroanatómicas necesarias para la percepción del dolor, y el análisis de las respuestas de comportamiento y fisiológicas a estímulos aparentemente dolorosos sugiere que el neonato humano percibe el dolor.128 Deben usarse agentes analgésicos y anestésicos en los procedimientos y cirugías que se sabe son dolorosos en personas mayores, o cuando el lactante responda en forma que muestre molestia. Las respuestas farmacocinéticas y farmacodinámicas a los agentes analgésicos y anestésicos en este grupo de edad son únicas.
DOLOR EN EL ANCIANO Y EN EL PACIENTE CON DEMENCIA
Ocurre dolor crónico en el 20 porciento de los pacientes mayores de 65 años.129 Los ancianos tienen mayor sensibilidad a los medicamentos con efectos sedantes (v.gr., opioides, antidepresivos tricíclicos, anticonvulsionantes y benzodiacepinas). El volumen de líquido corporal disminuye con la edad, y esto puede afectar la distribución y concentración de medicamentos como la morfina.130
Muchos medicamentos pueden inducir estados confusionales agudos en los ancianos y en especial en los pacientes con demencia. En los ancianos los mayores efectos adversos de los opioides incluyen constipación e hipotensión. Con ciertos opioides, como la meperidina, se acumulan metabolitos tóxicos, en especial en el caso de disfunción renal, que puede causar convulsiones, mioclonías, alucinaciones, inquietud y efectos psicomiméticos. Existe también mayor riesgo de interacciones farmacológicas. En general, los opioides y otros medicamentos que tienen vidas medias en plasma cortas (v.gr., la morfina, la hidromorfona y la oxicodona) son preferibles a los de vida media larga (v.gr., metadona o levorfanol). Cuando un medicamento tiene vida media corta existe menos probabilidad de que se acumule con las dosis repetidas y, por lo tanto, de que cause confusión.
Bibliografía
DR. RICHARD PAYNE
DR. ROBERT R. ALLEN
Definición
El Comité de Taxonomía de la Asociación Internacional de Dolor lo define como un proceso sensorial o emocional asociado con daño tisular.1 El dolor agudo, como el que ocurre en los traumatismos, alerta al paciente hacia la presencia de estímulos dañinos o potencialmente dañinos. El dolor crónico no es solo una extensión temporal del dolor agudo. La lesión tisular persistente y la activación de nociceptores, en especial en presencia de inflamación, causan cambios farmacológicos, fisiológicos y anatómicos en el procesamiento del sistema nerviso central de la información nociceptiva.2 También puede ocurrir dolor en ausencia de actividad nociceptiva.
El dolor agudo puede ser recurrente en los procesos patológicos como el cáncer,3 la anemia de células falciformes,4 el SIDA,5 la esclerosis múltiple,6 y otros padecimientos en los que se presenta lesión tisular recurrente, progresiva o ambas. El dolor crónico no puede ya advertir al paciente de la lesión, por lo que no tiene utilidad. El dolor agudo e intenso puede asociarse con ansiedad y temor, y suele acompañarse de activación fisiológica del sistema nervioso simpático. El estado denominado de dolor crónico es usado por algunos clínicos para describir a los pacientes que refieren dolor en forma prolongada, incluso si no existe un componente de daño tisular asociado. El dolor crónico se caracteriza por adaptación de la actividad simpática y desarrollo de síntomas vegetativos crónicos, incluyendo disminución en el apetito, malestar, alteraciones del sueño e irritabilidad. El estado de dolor crónico suele asociarse con depresión, enojo y otros estados afectivos.7
Epidemiología
El dolor es el motivo más común por el que los pacientes acuden al médico. Las molestias por un dolor reciente causan 40 millones de consultas anuales. Casi 64 millones de personas sufren dolor relacionado a traumatismos cada año. El dolor crónico es reponsable de pérdidas por $4 billones de dólares por días laborales perdidos por año, y se pierden hasta $65 millones por año como resultado de menor productividad laboral.8
El dolor que complica a las enfermedades agudas, crónicas o procedimientos médicos también es común. En Estados Unidos se realizan más de 20 millones de cirugías por año,9 y hasta 29 millones de personas presentan dolor posoperatorio no controlado. Alrededor de 35 millones de personas sufren cefalea crónica, y otros 16 millones tienen lumbalgia crónica. Las quemaduras causan secuelas muy dolorosas en hasta dos millones de personas cada año. Alrededor del 50 porciento de los pacientes con cáncer tienen dolor de severidad por lo menos moderada, y el 46 porciento de los pacientes con cáncer refieren un dolor que no puede controlarse solo con analgésicos.10 Casi todos los pacientes con cáncer avanzado tienen dolor severo.11,12 El SIDA se asocia con dolor en el 83 porciento de los pacientes.5
El dolor agudo y crónico puede considerarse como un problema de salud pública. Por fortuna se ha aprendido mucho sobre los mecanismos fundamentales del dolor. Este capítulo revisa los adelantos en la neurobiología de la nocicepción y los lineamientos clínicos actuales para evaluar y tratar el dolor agudo y crónico, incluyendo el llamado dolor neuropático, que es el que complica a la lesión o enfermedad neurológica.13
Clasificación del dolor
Tradicionalmente, el dolor asociado con enfermedades como cáncer o esclerosis múltiple ha servido como modelo del dolor agudo y crónico. Se han definido varios tipos fisiológicos de dolor: somático, visceral, neuropático y síndrome de dolor regional complejo, antes conocido como dolor simpático [ver tabla 1|.13,14
|
|||||||||||||||
|
DOLOR SOMATICO
El dolor somático o nociceptivo ocurre como resultado de activación de nociceptores en los tejidos cutáneo y musculoesquelético profundo. Por lo general, el paciente puede localizar el dolor en forma exacta en el sitio del daño, puede sentirlo en la piel o más profundo en estructuras musculoesqueléticas.
DOLOR VISCERAL
El dolor visceral se debe a isquemia, infiltración, compresión, distensión y torsión o estiramiento de las vísceras torácicas, abdominales o pélvicas. Típicamente está mal localizado y con frecuencia se asocia con nausea, vómito y diaforesis; en especial cuando es agudo. El dolor visceral con frecuencia se refiere a sitios cutáneos distantes al sitio de la lesión (v.gr., dolor en la mandíbula asociado con presión subesternal profunda durante el infarto agudo del miocardio o dolor en el hombro con la irritación diafragmática. Puede ocurrir dolor en el sitio cutáneo referido.15 El dolor visceral es mediado por los sistemas nerviosos simpático y parasimpático. Se han identificado los llamados nociceptores silenciosos en los tejidos viscerales.16 Los nociceptores silenciosos no son activos hasta que son sensibilizados por estímulos inflamatorios y otros estímulos químicos. Una vez sensibilizados, estos receptores responden con muchas de las mismas características neurofisiológicas que los nociceptores en los nervios somáticos. La sensibilización de los nociceptores viscerales silenciosos ha sido implicada en el desarrollo de dolor abdominal crónico asociado con síndromes como enfermedad inflamatoria intestinal.
DOLOR NEUROPATICO
El dolor neuropático es causado por lesión en el sistema nervioso central o periférico y puede ocurrir sin lesión persistente al tejido.17 El dolor ocasionado por lesiones de los nervios periféricos (en especial lesiones de origen traumático y que interrumpen en forma parcial o completa la trasmisión sensorial aferente entre los sistemas periférico y del sistema nervioso central) se ha denominado en ocasiones dolor por desaferenciación. El dolor debido a lesión a la médula espinal o cerebro, en especial cuando complica a padecimientos vasculares, desmielinizantes o traumáticos del SNC, suele denominarse dolor central. El dolor ocasionado por lesión nerviosa suele ser severo y su calidad es diferente de la del dolor somatico o visceral. El dolor neuropático se describe como sordo y constante, con frecuencia con sensación de presión, exacerbado por paroxismos de sensación quemante o eléctrica. Estos paroxismos de dolor pueden asociarse con actividad espontánea y ectópica en los sistemas nervioso central y periférico.18,19
Rara vez es posible comprender del todo la fisiopatología del dolor en un paciente específico, y con frecuencia varios mecanismos fisiológicos diferentes originan dolor en el mismo paciente. Sin embargo, las inferencias clínicas respecto a los mecanismos de dolor en circunstancias específicas suelen permitir implicaciones diagnósticas y terapéuticas.13 Por eemplo, la presencia de un dolor paroxístico o lancinante origina la sospecha de etiología neuropática, incluso en ausencia de alteraciones sensoriales, motoras o de cambio en los reflejos. Los antidepresivos tricíclicos o los anticonvulsivantes pueden ser útiles para manejar el dolor lancinante cuando los analgésicos tradicionales, como los opioides o los antinflamatorios no esteroides (AINE) han fracasado.20,21
SINDROME DE DOLOR REGIONAL COMPLEJO
Un nuevo término, síndrome de dolor regional complejo (SDRC), es el preferido en lugar del término de distrofia simpática refleja o dolor simpático, para evitar inferencias respecto a la presencia o ausencia de afección simpática en el estado asociado de dolor.14 El SDRC se clasifica en dos tipos: el tipo I es el reconocido en forma tradicional y no incluye lesión a los nervios; el tipo II se asocia con el término histórico de causalgia, para distinguir a los pacientes con lesión nerviosa. Cualquiera de los tipos de SDRC puede presentar datos de hiperactividad simpática regional y responder a la interrupción simpática, siendo por tanto mediado por la vía simpática. Sin embargo, cualquiera puede también responder a tratamiento analgésico más convencional sin intervención sobre el sistema nervioso simpático. Los signos y síntomas de lesión nerviosa o distrofia (v.gr., atrofia muscular, osteoporosis y signos neurofisiológicos y electrofisiológicos de lesión neurológica) no son predictivos en la respuesta definitiva al tratamiento en el SDRC.22
Neurobiología de la nocicepción y el dolor
El dolor es una experiencia subjetiva que tiene componentes tanto sensoriales como afectivos. La percepción del dolor incluye una serie de procesos neurofisiológicos complejos23 que tienen cuatro componentes distintos: trasducción, trasmisión, modulación y percepción.24 La trasducción es el proceso por el que un estímulo nocivo es convertido a un impulso eléctrico en las terminales nerviosas sensoriales apropiadas.25 La trasmisión es la conducción de los impulsos que se originan desde el estímulo doloroso a través de los nervios hacia el SNC, con conecciones importantes en el tálamo y proyecciones a la corteza del cíngulo, de la ínsula y somatosensorial. La modulación altera la trasmisión del dolor. Existen evidencias de que existen mecanismos tanto inhibitorios como excitatorios que modulan la trasmisión del impulso nociceptivo tanto en los sistemas nervioso periférico como central.23,26 La percepción del dolor probablemente se localiza a nivel del tálamo, siendo la corteza esencial para la discriminación de experiencias sensoriales específicas.27,28 No es necesario que ocurran todos los pasos para que una persona sufra dolor. Por ejemplo, se piensa que la neuralgia del trigémino es causada por descargas medioaxonales iniciadas en el sitio de un nervio comprimido o desmielinizado. Este proceso ocurre en ausencia de trasducción de un estímulo químico a un nociceptor. Como otro ejemplo, puede no ocurrir modulación de un impulso doloroso si se lesionan trayectos específicos del sistema nervioso.
NOCICEPTORES Y FISIOLOGIA DEL NERVIO PERIFERICO
Los nociceptores aferentes primarios (NAP) son terminales nerviosas libres no especializadas que se encuentran prácticamente en todos los tejidos y que convierten los estímulos mecánicos, químicos y térmicos nocivos en un impulso eléctrico dentro del nervio [ver figura 1]. Los nociceptores normalmente no son activos en forma espontánea, pero pueden mostrar sensibilización y activarse, en especial cuando existe lesión térmica a la piel.30 Los nociceptores pueden activarse o sensibilizarse por químicos endógenos que se originan de los tejidos dañados y de las células del sistema inmune. Por ejemplo, la bradicinina, la serotonina, la histamina y los iones de potasio pueden activar nociceptores,31 y la interleucina-1, la prostaglandina E2, el leucotrieno B4 y el factor de crecimiento de los nervios pueden sensibilizar a los nociceptores.32 Los impulsos dolorosos son trasmitidos por fibras no mielinizadas (fibras C) y fibras con mielina muy delgada (A-delta). Alrededor del 10 porciento de todas las fibras nerviosas periféricas cutáneas mielinizadas llevan información nociceptiva, y más del 90 porciento de las fibras no mielinizadas son nociceptivas.31 La activación de una sola fibra A-delta es suficiente para causar dolor y la estimulación eléctrica directa de los nociceptores no mielinizados (C) se asocia con un dolor sordo o quemante.33 Los síntomas y signos positivos de enfermedad nerviosa periférica (v.gr., signo de Tinel o prueba de Lasegue positiva cuando existe compresión de la raíz S1) se asocian con actividad espontánea en el nervio periférico. Las parestesias son representadas por actividad paroxística ectópica y descargas de alta frecuencia (>220Hz) en el nervio periférico.34
|
| Figura 1 |
| Mecanismos básicos del dolor |
La estimulación repetitiva del nociceptor puede causar daño tisular, disminuir el umbral de activación y producir hiperalgesia primaria (mayor dolor). El dolor causado por estímulos que normalmente no producen dolor, como presión o movimientos simples, puede ser resultado de nociceptores o un sistema nervioso sensibilizados.
La hiperalgesia secundaria se refiere a la expansión de la zona de hiperalgesia cutánea fuera del área de lesión [ver figura 1]. Es causada por cambios en el SNC por la lesión inicial.35 Es posible que la hiperalgesia secundaria se deba al llamado dolor diseminado que ocurre en ausencia de lesión o enfermedad activa o recurrente.
Inflamación
Una de las causas más comunes del dolor es la inflamación. Entre los mediadores inmunológicos, el leucotrieno B4, actuando a través de vías intracelulares recién descritas, puede tener un papel crucial en la inflamación, incluyendo la determinación de la magnitud y duración de la respuesta inflamatoria.36 Es probable que los nervios contribuyan al proceso de inflamación activa (i.e., inflamación neurogénica).37 Las neuronas sensoriales pueden liberar sustancia P y péptido relacionado al gen de la calcitonina, y las neuronas simpáticas aferentes pueden liberar prostaglandina E2.38 Estos procesos pueden perpetuar la inflamación, y podrían explicar los padecimientos inflamatorios crónicos de la piel, las articulaciones, el tubo digestivo y el cerebro.
Una cascada de eventos es responsable en gran parte del dolor asociado con padecimientos inflamatorios como la artritis, el cáncer, la infección y el dolor posquirúrgico. Los pasos de la cascada que incluye la conversión del ácido araquidónico a través de la cicloxigenasa a prostaglandians son terapéuticamente importantes porque son inhibidos por varios AINE. La administración espinal de AINE bloquea la hiperalgesia producida por la inyección de formalina en las patas traseras de los animales, lo que indica que las prostaglandinas son importantes en la acción antinflamatoria tanto central como periférica de los AINE.39 Los esteroides pueden bloquear el proceso inflamatorio en otros pasos en la cascada de la inflamación.
Los opioides pueden tener un sitio periférico de acción cuando existe inflamación.40 Los estudios han demostrado que los opioides administrados tópicamente a los tejidos periféricos en sitios de inflamación reducen la excitabilidad de la fibra aferente y son antinociceptivos. La inflamación puede alterar el perineurio y exponer los receptores a opioides preexistentes al ambiente externo.47 También existen receptores de opioides en células que migran al tejido inflamado.42 Consistentes con estas observaciones hechas en animales, la inyección intrarticular de morfina es eficaz en el tratamiento del dolor posoperatorio en humanos.43 Por lo tanto, la aplicación local de opioides que son polares y que no cruzan la barrera hemato-encefálica puede proporcionar analgesia potente en sitios periféricos de inflamación sin efectos adversos en el SNC, como sedación, náusea, depresión respiratoria y obnubilación mental.
EL ASTA DORSAL Y LAS VIAS NOCICEPTIVAS ASCENDENTES DE DOLOR
Las fibras aferentes primarias, cuyos cuerpos celulares se localizan en el ganglión de la raíz dorsal, conectan con una segunda célula neuronal, localizada dentro del asta dorsal de la médula espinal. Las fibras aferentes de los nociceptores entran a la médula espinal lateralmente en la raíz doral y ascienden o descienden varios segmentos en el trayecto de Lissauer antes de hacer sinapsis en el asta dorsal.
El asta dorsal consiste de seis láminas. Las láminas I y II son los sitios de terminación de las fibras primarias aferentes C. Juntas constituyen la sustancia gelatinosa, que es importante para la integración y modulación de la información nociceptiva que llega.44 La lámina V es el sitio en que se localizan neuronas de segundo orden y rango dinámico amplio (RDA) y nociceptivas específicas (NE), que reciben señales de neuronas primarias nociceptivas y no nociceptivas. Las neuronas NE responden solo a estímulos nocivos intensos en el campo receptivo periférico, las neuronas de RDA responden a estímulos inocuos y nocivos de muchos tipos. Ambos tipos de neuronas parecen ser importantes para codificar información nociceptiva: la respuesta de neuronas NE indica la presencia o ausencia de estímulos que dañan el tejido, mientras que la respuesta de neuronas de RDA proporciona infomración sobre la calidad y quizá la localización del estímulo.23 La variedad de los estados de dolor crónico puede explicarse en términos de los impulsos a estas células y sus conecciones supraespinales.
El primer sitio de modulación de la información nociceptiva en el SNC ocurre en el asta dorsal de la médula espinal. La sensibilización central es dependiente de la activación del receptor de N-metil-D-aspartato (NMDA) por aminoácidos excitatorios como el glutamato.45 El glutamato y los receptores NMDA se encuentran en alta concentración en el asta dorsal. El bloqueo de receptores NMDA por medicamentos como la ketamina, el dextrometorfán, la fenciclidina y el MK-801 reduce el aumento progresivo en el número de despolarizaciones evocadas por un solo estímulo en respuesta a la estimulación repetida de fibras periféricas C y puede también prevenir o terminar la sensibilización central una vez que esta haya comenzado.
El óxido nítrico (NO) es un neurotrasmisor excitador. Debido a que es un gas, puede difundir a través de la hendidura sináptica para inducir efectos retrógrados, como la liberación de glutamato y otros neurotrasmisores. También parece interactuar con neuronas adyacentes y la glía. Por lo tanto, la interferencia con la síntesis de NO tiene implicaciones importantes y diversas, incluyendo la reversión de la tolerancia a la morfina.46 La síntesis de NO incluye la activación e la enzima NO sintetasa, que es un proceso dependiente de NMDA [ver figura 2]. Esta enzima es activada por Ca2+, que ingresa a la célula por activación del receptor NMDA, un canal de calcio ionóforo.
|
| Figura 2 |
| Acciones del receptor de NMDA |
TRAYECTOS ESPINOTALAMICOS Y OTROS SISTEMAS NOCICEPTIVOS ASCENDENTES
Los axones de las neuronas de RDA y NE en las láminas I y V se decusan en la sustancia gris central de la médula espinal y se convierten en proyecciones ascendentes de las vías neoespinotalámicas y paleoespinotalámicas. La vía neoespinotalámica se proyecta en forma monosináptica hasta el núcleo ventroposterolateral (VPL) del tálamo y quizá codifica la localización e intensidad del estímulo. La vía paleoespinotalámica envía múltiples proyecciones a la formación reticular del tallo cerebral y a las regiones mediales del tálamo antes de la terminación en el núcleo VPL. Se han identificado varios otros trayectos espinales ascendentes, incluyendo la vía espinohipotalámica, la vía espinorreticular, la vía espinopontoamígdala y el trayecto de la columna dorsal.47 Los trayectos espinorreticular y espinocervicotalámicos ascienden en el cuadrante dorsolateral ipsilateral (separado de las vías espinotalámicas en el cuadrante anterolateral) pero se unen con la vía espinotalámica en el lemnismco medial en el tallo cerebral. Las fibras de la columna dorsal trasmiten información propioceptiva y nociceptiva48 y ascienden en el lemnismo medial ipsilateral hasta el tálamo, la estimulación de estas fibras es uno de los objetivos en el alivio del dolor.48 Las vías de la columna dorsal pueden ser responsables de la recurrencia de los síntomas dolorosos después de los procedimientos ablativos selectivos en las vías espinotalámicas (v.gr., cordotomía).
El dolor de estructuras de cabeza y cuello es procesado a través de los nervios craneales V, VII, IX y los tres primeros nervios espinales cervicales. El núcleo espinal del trigémino y la formación reticular adyacente son el equivalente al asta dorsal espinal. Este núcleo tiene estructura laminar y conecciones sinápticas aferentes semejantes a las del asta espinal dorsal. Neuronas de segundo orden envían proyecciones axonales al otro lado del tallo cerebral y ascienden en el lemnismo medio contralateral, terminando eventualmente en el núcleo talámico ventroposteromedial (VPM).23 Los axones del complejo vertebrobasilar (VPL, VPM) se proyectan a la corteza somatosensorial parietal y el núcleo talámico medial lo hace al cuerpo estriado y a la corteza cerebral.
CORTEZA CEREBRAL Y DOLOR
Head y Holms postularon que el tálamo y la corteza eran esenciales para la percepción y discriminación del dolor.28 Las lesiones extensas de la corteza cerebral que destruyen el área somatosensorial pueden producir dolor mínimo o nulo, mientras que las lesiones corticales pequeñas y muy localizadas fuera de esta área pueden asociarse con dolor espontáneo y aumento en la percepción del dolor.17 Los estudios clásicos de mapeo cortical de Penfield demostraron que la estimulación cortical produce dolor, aunque con poca frecuencia.50 Los pacientes con lesiones de la corteza insular pueden manifestar un síndrome llamado asimbolia del dolor. Estos pacientes no general respuestas emocionales al dolor a pesar de umbrales normales en los estímulos dolorosos cutáneos contralaterales a la lesión insular.51 Un mayor apoyo del papel específico de la corteza en la percepción y procesamiento de los estímulos dolorosos proviene de estudios en animales que demuestran respuestas neuronales NE idénticas a las encontradas en el asta dorsal de la médula espinal.23
Una lesión en cualquier lugar de la vía espinotalámica y las proyecciones tálamocorticales puede causar dolor central.17 La hipoalgesia, o apreciación disminuida del estímulo doloroso, como un piquete o sensación térmica (en especial frío), suele acompañar en forma casi invariable a los trastornos de dolor de tipo central.17 Los mecanismos postulados para la hipoalgesia incluyen pérdida de las influencias inhibitorias en las vías excitadoras,17 así como la aparición de actividad talámica espontánea (principalmente VPL y VPM) en pacientes con síndromes de dolor central después del evento cerebrovascular.17
La imagen cerebral con tomografía de emisión de positrones (TEP) y las imágenes funcionales de resonancia magnética permiten la visualización de estructuras corticales y talámicas asociadas con el procesamiento de estímulos dolorosos esperimentales y naturales. Las áreas cortical y subcortical que se activan dependen del tipo de estímulo doloroso. En general, los estudios de imagen cerebral demuestran activaciónconstante del tálamo, la circunvolución anterior del cíngulo y la corteza de la ínsula.52,53 Las cortezas somatosensoriales primarias y secundarias se activan en forma menos constante.54 Sin embargo, los estudios de TEP indican que las áreas de activación cortical observadas en dolor inducido en forma experimental no necesariamente equivale a los datos en pacientes con dolor neuropático crónico.55
Las imágenes de TEP de personas normales sometidas a dolor inducido en forma experimental han demostrado que el flujo cerebral regional en el tálamo posterior contralateral está muy disminuido. Por el contrario, se observa mayor flujo sanguíneo cerebral regional en la ínsula anterior bilateral, la corteza parietal posterior, la corteza frontal lateral inferior bilateral y el vermis cerebeloso.52
La corteza cingular anterior ha sido reconocida por mucho tiempo como una región de percepción de dolor, y las lesiones dentro de esta región causan menor dolor. Esta área de corteza recibe mayor estímulo del tálamo medial. Evidencias recientes de los estudios de TEP han confirmado el papel crucial de la corteza anterior del cíngulo en los componentes afectivos de la experiencia dolorosa.56 La corteza anterior del cíngulo se activa en forma selectiva por estímulos térmicos dolorosos.53,55 La actividad metabólica es atenuada en la corteza anterior del cíngulo cuando los pacientes son sometidos a técnicas psicológicas que producen analgesia, como la hipnosis y la distracción activa.56 El interés en la corteza del cíngulo como blanco de neuroablación para el dolor intratable se basa en parte en las observaciones que sugieren que la corteza del cíngulo puede tener un papel clave en el procesamiento de la información nociceptiva.57
VIAS DE SUPRESION DEL DOLOR ENDOGENO
Las vías neuroanatómicas inhibitorias y excitatorias se originan en el núcleo ventorreticular medio del tallo cerebral y descienden en el fasículo longitudinal dorsal para modular la percepción y nocicepción del dolor.58 Varios neurotrasmisores importantes han sido identificados en estas vías descendentes, incluyendo norepinefrina, serotonina y compuestos opioides endógenos (v.gr., metionina-encefalina, leucina-encefalina y ß-endorfina).26 Las vías inhibitorias incluyen a las células de 'apagado', que son activadas por opioides, y las vías excitatorias a las de 'encendido', que son inhibidas por morfina. La actividad relativa de estas células determina el grado de inhibición que ocurre en esta vía de supresión de dolor.58 Se piensa que este mecanismo proporciona las bases fisiológicas para la acción de la morfina (y otros opioides), así como otros medicamentos analgésicos, como los antidepresivos tricíclicos y los agonistas adrenérgicos alfa.
Los compuestos antidepresivos tricíclicos, como la amitriptilina y la desipramina, bloquean la recaptura presináptica de serotonina y norepinefrina, aumentando sus acciones posinápticas en las vías descendentes de supresión del dolor.59 También se ha demostrado que los antidepresivos tricíclicos tienen actividad analgésica independientemente de sus efectos antidepresivos, en especial en estados de dolor neuropático como la neuropatía diabética y la neuralgia posherpética.60
Los medicamentos que son agonistas alfa2 en los receptores adrenérgicos de la médula espinal (v.gr., clonidina) producen analgesia al administrarse en el espacio epidural.61 La fentolamina, un antagonista del receptor adrenérgico alfa2, se ha usado también para manejar el dolor en síndromes de dolor regional, en especial cuando se sospecha dolor mediado por vía simpática. El efecto de la fentolamina puede predecir la respuesta al bloqueo simpático anestésico.62
La activación de esta vía descendente por acción de los opioides endógenos puede ser responsable del fenómeno de placebo y analgesia por acupuntura.26 Sin embargo, la reversibilidad no constante del placebo y la analgesia causada por acupuntura al emplear antagonistas de opioides (v.gr., naloxona) pone en duda esta teoría.
Principios en la evaluación y tratamiento del dolor
EVALUACION DEL DOLOR
En un estudio prospectivo de manejo del dolor por cáncer, el 63 porciento de 1,170 médicos evaluados indicó que las técnicas inadecuadas para evaluar el dolor eran la principal razón para la evolución subóptima y el manejo incompleto del dolor en la práctica clínica.63
El manejo exitoso del dolor inicia con una evaluación cuidadosa y exacta de la molestia [ver tabla 2]. La historia debe considerar la localización, calidad, duración, intensidad, patrón temporal y factores que aumentan o alivian el dolor. El clínico debe obtener información sobre la magnitud de la patología o daño tisular asociado con la enfermedad o padecimiento específico. En muchas enfermedades (v.gr., cáncer, SIDA y anemia de células falciformes), existe una relación burda entre el mayor dolor y la progresión de la enfermedad. Debe evaluarse el estado psicológico del paciente, así como el grado de adaptación y de apoyo familiar o social, ya que estos factores pueden influir en el significado y percepción del dolor y en la capacidad para cumplir con las recomendaciones terapéuticas. Para los pacientes con enfermedades potencialmente graves suele ser muy valioso que el médico hable con el paciente y la familia para evaluar el significado que el dolor tiene para el paciente.
|
|
|
Un examen detallado, incluyendo un examen neurológico dirigido, siempre es importante, en especial cuando se sospecha dolor de tipo neuropático. El estado mental del paciente debe valorarse para determinar la confiabilidad de su reporte de dolor.
Por lo general se requieren pruebas diagnósticas para determinar la etiología de la molestia. Es importante revisar los estudios radiológicos para asegurarse que se ha estudiado el área adecuada y valorar la importancia de los hallazgos anormales. Por ejemplo, un estudio de lumbalgia mostró que muchos datos anormales de la IRM que se pensaba se relacionaban con dolor no se asociaron con las molestias de los pacientes.64 Las alteraciones en parámetros de laboratorio específicos de enfermedad (v.gr., marcadores tumorales en pacientes con cáncer, niveles de hemoglobina y presencia de hemólisis en pacientes con anemia de células falciformes en crisis vaso-oclusivas, y cuentas de CD4 en pacientes con SIDA) son indicadores sensibles de progresión de la enfermedad y pueden relacionarse con dolor antes de que se desarrollen signos físicos objetivos o hallazgos radiográficos. Es útil realizar inferencias clínicas sobre los mecanismos fisiopatológicos del dolor, ya que estos pueden guiar las evaluaciones diagnósticas e incluso ayudar en la selección de analgésicos y otros tratamientos para el dolor. El clínico tiene el compromiso de analizar en forma crítica el éxito del tratamiento evaluando en forma periódica a los pacientes en intervalos específicos, en especial cuando el dolor no se ha resuelto.
TRATAMIENTO FARMACOLOGICO DEL DOLOR
La evaluación cuidadosa de los factores médicos y psicológicos relevantes para el paciente con dolor debe permitir un tratamiento adecuado. Existen varias estrategias básicas para el manejo del dolor [ver tabla 3]. Aunque la farmacoterapia constituye la base del tratamiento para la mayoría de los casos de dolor, los médicos con experiencia en el tratamiento del dolor individualizan e integran con éxito las modalidades terapéuticas para cada paciente. Los medicamentos analgésicos deben prescribirse solo después de una evaluación para lograr el mejor equilibrio entre el alivio del dolor y la maximización de la función, de acuerdo con los objetivos señalados para ese paciente.65
|
||||||||||||||||||
|
La Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolló una escala analgésica de tres etapas para el uso de analgésicos en el tratamiento del dolor por cáncer. El algoritmo se ha ampliado a otros padecimientos.66 Por ejemplo, los clínicos con experiencia apoyan el uso de opioides para el dolor crónico de origen no maligno (v.gr., artritis, anemia de células falciformes, dolor lumbar asociado con osteoartritis y osteoporosis) en pacientes cuidadosamente seleccionados.67 En general, debe considerarse el tratamiento opioide a largo plazo para el dolor no maligno cuando el tratamiento analgésico proporciona un alivio constante del dolor y mejora la función del paciente.
La escala de analgésicos de la OMS equipara el reporte del paciente de la intensidad del dolor con los tipos específicos de analgésicos. Los pacientes con dolor leve pueden tratarse con un analgésico no opioide, como acetaminofén, aspirina o un AINE [ver tabla 4]. Para el dolor moderado que no puede manejarse en forma eficaz por medicamentos no opioides, el paso II de la escala de la OMS recomienda la prescripción de los llamados opioides débiles (v.gr., codeína, hidrocodona u oxicodona) [ver tabla 5]. En teoría, los opioides no tienen un tope en relación con su eficacia analgésica. Estos medicamentos se clasifican como débiles, sin embargo, por sus efectos adversos como náusea y sedación, con frecuencia se presentan en combinaciones fijas con acetaminofén o aspirina, que limitan la dosis. Para el dolor severo que no se alivia con opioides débiles debe usarse un opioide fuerte (v.gr., morfina, hidromorfona, metadona o fentanil), ya sea solo o en combinación con un no opioide (paso III) [ver tabla 5]. En cualquier momento de la escala pueden usarse ciertos adyuvantes analgésicos para tratar síndromes específicos de dolor o contrarrestar los efectos adversos de los analgésicos opioides [ver tabla 6]. Los pacientes que presentan dolor severo deben iniciar en la fase tres de la escala y no pasar por las dos fases previas. Este enfoque terapéutico fue validado en estudios de tratamiento del dolor por cáncer. Un estudio incluyó a 2,118 pacientes con más de 140,000 días de tratamiento,68 y se observó un resultado positivo en el 88 porciento de los pacientes.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
acetam-acetominofén AAS-ácido acetilsalicílico OMS-organización mundial de la salud |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Analgésicos no opioides
La clase no opioide de analgésicos incluye acetaminofén, aspirina y AINE. A diferencia de los analgésicos opioides, estos medicamentos no producen dependencia física o tolerancia, pero tienen un límite intrínseco a su eficacia analgésica. Tanto la dosis eficaz mínima como la máxima pueden variar entre las personas. En algunos pacientes puede ser necesario ajustar la dosis dentro de un margen angosto.69
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Los AINE inhiben la enzima cicloxigenasa (COX), inhibiendo así la síntesis de prostaglandinas.70 Las prostaglandinas sensibilizan y activan nociceptores y tienen también un efecto sobre la biosíntesis de prostaglandinas en sitios del SNC.39 Debido a que los AINE y los opioides tienen mecanismos diferentes de acción, los lineamientos de la OMS y otros han recomendado la administración concomitante de ambos tipos de fármacos para proporcionar analgesia aditiva.12 Sin embargo, este efecto aditivo no se ha confirmado en meta-análisis más recientes de estudios con dosis repetidas.71
Los efectos adversos son más comunes con el uso de la mayoría de los analgésicos no opioides. Todos pueden asociarse con toxicidad gastrointestinal, y la complicación más seria son las úlceras y la hemorragia. Los riesgos de hemorragia gastrointestinal no son los mismos para todos los medicamentos.72 Esto puede deberse a que algunos AINE inhiben en forma selectiva la isoforma COX-2 que es inducida en presencia de inflamación y no es crucial para mantener el flujo sanguíneo renal y la integridad de la mucosa gastrointestinal. Los inhibidores selectivos de COX-2 (v.gr., etodolaco y nabumetone) tienen menos efectos adversos sobre la mucosa gastrointestinal y renales.73
El uso regular y a largo plazo de acetaminofén o AINE confiere un riesgo significativamente mayor de enfermedad renal terminal.74 El acetaminofén es equivalente a la aspirina en términos de eficacia analgésica, suele ser bien tolerado y no se asocia con los riesgos de hemorragia gastrointestinal que se asocian a los AINE. El acetaminofén es un inhibidor leve de COX, lo que al parecer explica su escasa potencia antinflamatoria.
Analgésicos opioides
Los analgésicos opioides son la base del tratamiento del dolor severo agudo y crónico. Se clasifican como agonistas puros o agonistas-antagonistas con base en sus interacciones con receptores opioides y los efectos que producen [ver tabla 5]. Los medicamentos agonistas-antagonistas incluyen butorfanol, nalbufina, pentazoina y dezocina. Esta clase de opioides son agonistas parciales en los receptores opioides kappa y antagonistas en los receptores opioides mu. Debido a que son agonistas parciales, tienen un límite en su eficacia analgésica. Con frecuencia producen efectos psicomiméticos al interactuar con receptores opioides kappa. Por último, pueden precipitar supresión cuando se administran a pacientes físicamente dependientes de agonistas mu como la morfina. Por estos motivos, los opioides agonistas-antagonistas no se recomiendan para el tratamiento de los pacientes con dolor crónico.12,75 Son útiles para el tratamiento en dosis única o por corto plazo del dolor agudo en pacientes vírgenes a opioides.
Deben seguirse ciertos principios cuando se usan analgésicos opioides en el tratamiento del dolor por cáncer. Cuando el dolor es continuo los opioides deben administrarse con horario.12,75 La administración por razón necesaria suele causar que el paciente experimente múltiples periodos de dolor durante el día; este tipo de administración no se recomienda excepto para las primeras 24 a 48 horas del inicio del tratamiento opioide para determinar la dosis requerida por día. Una vez que se ha determinado la dosis diaria óptima, el opioide debe prescribirse con horario, de preferencia en una fórmula de acción prolongada (i.e., liberación sostenida o transdérmica). Muchos pacientes presentan un incremento transitorio en el dolor sobre un nivel basal.76 Para esto debe disponerse de una dosis de rescate de un opioide de acción corta, igual a alrededor del 10 a 20 porciento de la dosis programada para todo el día.76
Existe variación importante entre los individuos en la dosis que se requiere para la analgesia adecuada, incluso en pacientes con síndromes de dolor semejantes.77 La variabilidad en la respuesta a los opioides tiene componentes farmacocinéticos y farmacodinámicos. Se ha demostrado que los factores genéticos son importantes para determinar la respuesta a los opioides.78,79 Alrededor del 15 porciento de los blancos no tienen la enzima de fosforilación oxidativa CPDY211, que se requiere para metabolizar la codeína a morfina y, por tanto, requieren de dosis más altas de codeína. En un análisis retrospectivo, Kaiko y colaboradores observaron que los negros y los orientales que participaron en estudios clínicos de una sola dosis para determinar la eficacia a opioides reportaron el doble del efecto analgésico que los blancos.79 El sexo también es un factor en la respuesta a opioides. Las mujeres que recibieron el medicamento agonista kappa butorfanol reportaron mayor analgesia que los hombres.80
La morfina es el agente más empleado para el dolor severo a moderado por su disponibilidad, farmacología bien definida y costo relativamente menor.12,66 Sin embargo, la selección de un opioide debe basarse en factores como la conveniencia de administración, el costo, el cumplimiento y el perfil de efectos adversos para cada paciente individual. El uso a largo plazo de meperidina no se recomienda porque puede ocurrir acúmulo del metabolito tóxico normeperidina, con inquietud y crisis convulsivas.81
Cuando un paciente desarrolla efectos adversos intolerables por un opioide puede ser útil cambiar a otro analgésico opioide para obtener un balance más favorable entre la analgesia y los efectos adversos.82 El conocimiento de las dosis equianalgésicas de los diferentes opioides facilita el cambio de uno a otro [ver tabla 7]. Debido a que la tolerancia cruzada entre los opioides no es completa, se recomienda iniciar con la mitad de la dosis equianalgésica del nuevo medicamento.83
|
||||||
|
Ciertos medicamentos adversos son comunes a todos los analgésicos opioides. La constipación es casi universal, y todo paciente debe recibir un esquema profiláctico para evitarla. El programa típico incluye el uso de un laxante con base de senósidos, suplementado según se requiera por lactulosa o leche de magnesia. La sedación es común al inicio del tratamiento después de un aumento de dosis, pero suele resolverse en algunos días. La sedación persistente puede tratarse aumentando la dosis de cafeína en la dieta o usando un psicoestimulante, como metilfenidato o dextroanfetamina, en dosis bajas [ver tabla 6]. Ocurre náusea y vómito en hasta el 30 porciento de los pacientes que toman opioides, pero ésta se resuelve en algunos días. Cuando no, puede requerirse el uso de un fármaco antiemético (v.gr., fenotiacina o metoclopramida).
La confusión y las alucinaciones son mucho menos comunes (< 15 porciento de los pacientes) pero suelen requerir reducción de la dosis o cambio a otro analgésico opioide. La confusión y el delirio tienen muchas otras causas potenciales en los pacientes con enfermedad. Por lo tanto, cuando ocurre un cambio en el estado mental en un paciente con un esquema de opioides estable, debe considerarse la revaloración del estado de la enfermedad antes de atribuir la confusión al opioide.84 Otros efectos adversos relativamente infrecuentes incluyen boca seca, obstrucción urinaria y prurito.
La depresión respiratoria es una complicación poco frecuente en los pacientes que reciben opioides por tiempo prolongado. El dolor actúa como un antagonista fisiológico de los efectos depresores de los opioides sobre el SNC. También se desarrolla tolerancia a estos efectos.83 Los pacientes con riesgo de depresión respiratoria son los que tienen mayores incrementos en las dosis de opioides (típicamente > 50 porciento), y el riesgo es mayor cuando se administran sedantes en forma conjunta o cuando un anestésico o procedimiento neuroquirúrgico elimina el efecto estimulante del dolor. Con frecuencia el opioide naloxona es inadecuado para revertir la depresión respiratoria y la sedación en pacientes con cáncer que toman opioides por tiempo prolongado.85 Deben intentarse medidas simples, como la estimulación física vigorosa para despertar al paciente, y excluir otras causas de depresión respiratoria antes de que el dolor regrese por la inyección de naloxona IV y que se inicie un síndrome iatrogénico de abstinencia a opioides. Cuando se requiere naloxona para los pacientes que han estado tomando opioides por tiempo prolongado, debe diluirse una ampolleta de 0.4 mg en 10 ml de solución salina y administrarse en un bolo IV lento.85
Los opioides pueden administrarse por infusión IV continua o subcutánea en los pacientes que no pueden recibirlos por vía oral, como los que tienen náusea y vómito intratable o que presentan tubos digestivos no funcionales.86 La vía subcutánea se ha recomendado porque la farmacocinética de la morfina y la hidromorfona a través de la vía subcutánea es semejante a la vía IV y la administración subcutánea proporciona un grado de analgesia semejante y más conveniente a menor costo.
La tolerancia y la dependencia física, dos consecuencias farmacológicas predecibles de la administración con opioides a largo plazo, no deben confundirse con la dependencia psicológica o la adicción. La tolerancia se refiere a la necesidad de aumentar la dosis del medicamento para mantener el mismo efecto analgésico. En el área clínica, la tolerancia de los efectos analgésicos a los opioides rara vez constituye un problema importante en pacientes con síndromes de dolor estables.83 Por lo general, la ncesidad de aumentar la dosis de opioides para mantener la analgesia implica empeoramiento del dolor como resultado de enfermedad progresiva. Un requerimiento de mayor dosis no debe solo atribuirse a la tolerancia a los opioides, que está indicada por un acortamiento progresivo de la duración de la analgesia, lo que implica un cambio en la respuesta del receptor al opioide.83 La dependencia física se refiere al desarrollo de un síndrome de supresión con suspensión súbita del tratamiento o reducción sustancial de la dosis. Este fenómeno puede ocurrir cuando se administran dosis repetidas de opioides por más de algunos días.87
La tolerancia y la dependencia física no implican dependencia psicológica o adicción a fármacos, aunque con frecuencia éstas coexisten. La adicción es un síndrome psicológico y de comportamiento caracterizado por uso compulsivo del fármaco,pérdida del control y uso continuo a pesar del daño al paciente.87 En el tratamiento del dolor por cáncer con opioides a largo plazo, la adicción se desarrolla muy rara vez, aunque la dependencia física es casi universal.87 El temor exagerado a la adicción por parte del paciente, del médico y del público en general, así como el temor por parte del médico sobre el escrutinio de su práctica por comités reguladores de fármacos,88 constituyen barreras para el tratamiento adecuado del dolor.63
Analgésicos adyuvantes
Los analgésicos adyuvantes son un grupo diverso de medicamentos indicados para usarse en ciertas circunstancias y como medio para contrarrestar los efectos adversos de los opioides en otras [ver tabla 6].65 Estos medicamentos pueden usarse solos o en combinación con analgésicos opioides y no opioides en cualquier fase de la escala analgésica de la OMS.
Con excepción de los antidepresivos tricíclicos y de los anticonvulsivantes, el uso de fármacos adyuvantes en el dolor por cáncer es empírico. Existen pocos estudios aleatorios y controlados para definir las indicaciones para su uso en pacientes con dolor. Se ha comprobado que la amitriptilina, la imipramina, la nortriptilina y la desipramina tienen cierta eficacia analgésica en el dolor crónico, en especial de origen neuropático.20 Los nuevos inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina, aunque con menos efectos adversos que los antidepresivos tricíclicos, tienen eficacia variable como analgésicos. Un estudio controlado y aleatorio en el que se usó fluoxetina en neuropatía diabética, no demostró efecto analgésico en los pacientes no deprimidos.89 Sin embargo, la paroxetina pareció ser eficaz en el tratamiento de la neuropatía diabética dolorosa.90
Los medicamentos anticonvulsivantes pueden ser eficaces en el manejo del dolor neuropático, en especial de los síndromes asociados con dolor paroxístico o lancinante.91 El clonacepam puede ser útil para manejar las mioclonías que ocurren como efectos tóxicos del tratamiento con opioides en dosis altas.92
La lidocaína IV suele proporcionar alivio rápido del dolor neuropático.93 Aunque el efecto es por corto plazo, puede persistir por más tiempo que la duración de la infusión.94 En un estudio aleatorio y controlado de dolor neuropático por cáncer, la lidocaína IV no fue más eficaz que el placebo.95 La mexiletina, un análogo oral de la lidocaína, se ha usado para manejar el dolor neuropático crónico.96
Los síndromes de dolor neuropático periférico responden en ocasiones a agentes tópicos.97 La crema de capsaicina (a concentrción del 0.075 porciento) parece reducir la neuropatía diabética, la neuralgia posherpética y el dolor posmastectomía.98,99
Los esteroides pueden aliviar con rapidez el dolor óseo metastásico, la compresión nerviosa, la cefalea asociada con tumores cerebrales y la compresión de la médula espinal epidural.100 Debido a que existe la posibilidad de efectos adversos serios con el uso prolongado, los esteroides deben mejor reservarse para el uso a corto plazo o para pacientes con enfermedad avanzada.
Los psicoestimulantes, como la cafeína,101 el metilfenidato, la pemolina y la dextroanfetamina, son también útiles en el tratamiento del dolor por cáncer. Se ha demostrado que el metilfenidato aumenta el efcto analgésico de los fármacos opioides y disminuye la sedación asociada con su uso.102 Estos estimulantes son más útiles en pacientes que están recibiendo analgesia adecuada por opioides pero cuya calidad de vida se compromete por la sedación excesiva.
INTERVENCIONES ANESTESICAS
Administración intraespinal de analgésicos
Los opioides analgésicos pueden introducirse en el espacio epidural o intratecal para el tratamiento de pacientes seleccionados con dolor por cáncer. Las dosis pequeñas de opioides administradas por estas vías quedan colocadas muy cerca de sus receptores en el asta dorsal de la médula espinal, con lo que se logra una alta concentración local de opioides. Debido a la cantidad de fármaco administrada, se logra buena analgesia con menos efectos adversos.103 Los opioides administrados por vía espinal pueden usarse en los pacientes cuyo dolor responde por lo menos en forma parcial a los opioides pero que no toleran los efectos adversos de los mismos por vía oral o parenteral.104
Se piensa que los efectos adversos de los opioides espinales se deben en parte a la redistribución supraespinal del fármaco. Estos incluyen prurito, retención urinaria, náusea, vómito y depresión respiratoria.105 La depresión respiratoria puede ocurrir pronto (en 1 a 2 horas) o ser más tardía (en 6 a 24 horas), pero el riesgo es muy bajo en pacientes que no son vírgenes a opioides. En algunos pacientes puede desarrollarse tolerancia a los efectos analgésicos de los opioides espinales con relativa rapidez.103,105
La colocación del catéter se asocia con un riesgo bajo pero definido de infección epidural. Sin embargo, la analgesia epidural a largo plazo es segura y eficaz cuando los pacientes son vigilados con cuidado y reciben tratamiento pronto en cuanto se desarrollan signos de infección.106,107 En condiciones ideales, cuando se considera el uso de opioides espinales para el tratamiento del dolor lumbar en pacientes con cáncer, debe realizarse una IRM de la columna antes de la colocación del catéter epidural para evitar el deterioro neurológico inesperado por la inyección en presencia de un tumor epidural.103
Pueden administrarse otros fármacos en el espacio epidural como adyuvantes a la analgesia opioide. La clonidina epidural peude ser eficaz en pacientes seleccionados con dolor por cáncer, en especial dolor neuropático, que suele responder poco a los opioides espinales.108 La coadministración de anestésicos locales, como bupivacaína (en concentración del 0.025 porciento) y los opioides en el espacio epidural pueden aumentar también la analgesia en casos seleccionados, en especial cuando se desarrolla tolerancia a los opioides.109
Anestesia regional local o bloqueo nervioso neurolítico
Los bloqueos de los nervios periféricos son muy útiles para el tratamiento del dolor somático bien localizado. Ejemplos incluyen el bloqueo de nervios intercostales para el dolor de la pared torácica, el bloqueo del ganglio de Gasser para el dolor craneofacial y el bloqueo paravertebral para el dolor radicular.110 Con frecuencia se usa como escrutinio el bloqueo temporal de los nervios periféricos por inyección de un anestésico local de acción corta. En los pacientes que responden bien al bloqueo temporal, el bloqueo neurolítico con alcohol absoluto o fenol puede proporcionar alivio importante. El bloque neurolítico subaracnoideo puede ser eficaz en pacientes con enfermedad avanzada y dolor limitado a algunos segmentos espinales. Los procedimientos neurolíticos son más apropiados para los pacientes con expectancia de vida limitada. Los bloqueos neurolíticos retrasan el desarrollo del dolor por desaferenciación en 6 a 12 meses.
El bloqueo del sistema nervioso simpático puede proporcionar alivio eficaz del dolor en casos seleccionados. Un meta análisis reciente mostró que el bloqueo del plexo celiaco constituye una técnica muy eficaz para manejar el dolor relacionado con neoplasias intrapancreáticas y otros cánceres abdominales.111 El bloqueo del plexo hipogástrico superior es eficaz en algunos pacientes con dolor pélvico intratable de origen maligno.112 El bloqueo del ganglio estrellado puede ser útil para tratar el dolor de la extremidad superior o de las neoplasias de cabeza y cuello, mientras que el bloqueo simpático lumbar en ocasiones es eficaz para el dolor asociado con tumores pélvicos o infiltración del plexo lumbosacro. Sin embargo, faltan estudios de eficacia comparativa entre estos procedimientos y la farmacoterapia agresiva.
PROCEDIMIENTOS NEUROABLATIVOS
Los procedimientos neuroablativos proporcionan alivio del dolor al modificar las vías del mismo. Deben considerarse para los pacientes con dolor por cáncer cuando la farmacoterapia es inadecuada o se asocia con efectos adversos no aceptables. También puede beneficiar a los pacientes incapacitados con dolor relacionado al movimiento, que es difícil de manejar por medios farmacológicos. En general, los procedimientos neuroablativos son más adecuados para pacientes con expectancia de vida corta, porque puede ocurrir recurrencia tardía del dolor, que en ocasiones es más severo que el inicial, después de la desaferenciación.113
La cordotomía cervical interrumpe la vía espinotalámica lateral ascendente. Este procedimiento neuroablativo muy empleado suele realizarse por vía percutánea al crear una lesión de radiofrecuencia. La cordotomía está indicada para los pacientes con dolor unilateral en la extremidad inferior de origen maligno.113 Es menos útil para tratar el dolor en la línea media o bilateral. En general el dolor nociceptivo responde mejor a la cordotomía, mientras que el dolor neuropático o de desaferenciación se alivia en forma menos confiable. Las cordotomías bilaterales pueden causar disfunción vesical y sexual o compromiso respiratorio, y no se recomiendan.114
La mielotomía comisural interrumpe las fibras de las vías espinotalámicas porque éstas se decusan en la línea media. Puede ser eficaz para pacientes seleccionados con dolor en la extremidad inferior en la línea media o bilateral de origen maligno. La mielotomía se asocia con un riesgo relativamente bajo de producir alteraciones en la función intestinal, vesical o motora. Sin embargo, requiere de un procedimiento quirúrgico, que suele incluir una laminectomía de varios niveles. Se ha sugerido la realización de una mielotomía más limitada, en la que se realizan lesiones en la columna dorsal en forma selectiva para el alivio del dolor visceral pélvico intratable.115 Este procedimiento se basa en datos recientes de una vía anatómica nociceptiva específica que se origina en las vísceras pélvicas y asciende a las columnas dorsales.116
Se han usado las rizotomías selectivas de la zona de entrada de la raíz dorsal (RZERD) para tratar síndromes de dolor específico. La rizotomía dorsal interrumpe las raíces de los nervios sensoriales posteriores, por sección quirúrgica del nervio o neurolisis química. Puede ser eficaz para el dolor intratable de la pared torácica causado por invasión tumoral o para el dolor intratable en la región de la cabeza y cuello relacionado con tumores invasores. La ablación por RZERD es útil para tratar la avulsión dolorosa del plexo braquial; esta condición se ha asociado con focos de células hiperexcitables en las capas superficiales de la RZERD que se piensa son responsables del dolor lancinante tan importante en este padecimiento.117 Sin embargo, hasta el 30 porciento de las fibras aferentes entran a la médula espinal a través de la raíz ventral,118 y esta puede ser la razón por la que estos procedimientos neuroablativos, así como las lesiones de RZERD y las rizotomías dorsales fallan con frecuencia para producir alivio permanente del dolor. Como cualquier procedimiento neuroablativo, la rizotomía dorsal es más adecuada para pacientes con una expectancia de vida limitada, pero puede beneficiar a algunos pacientes con síndromes de dolor no maligno, especialmente postraumático.
La cingulotomía se ha usado para manejar el dolor difuso y de la línea media de origen óseo y visceral.119 El mecanismo de alivio del dolor se desconoce.
La ablación de la glándula hipófisis por medios químicos, de radiofrecuencia o radioquirúrgicos pueden producir efectos analgésicos diseminandos en pacientes con dolor óseo metastásico refractario a la quimioterapia primaria, radioterapia o intervenciones analgésicas agresivas.120 El mecanismo de la analgesia se desconoce, pero puede lograrse alivio del dolor en tumores tanto dependientes como independientes de hormonas.
TRATAMIENTOS FISICOS Y PSICOLOGICOS
Los enfoques no farmacológicos casi siempre se usan como adyuvantes al manejo farmacológico del dolor, pero pueden ser útiles en todos los pacientes. La aplicación de calor o frío puede aliviar el dolor por espasmo muscular. Los masajes son útiles en el manejo del dolor miofascial. Las técnicas de contrastimulación, incluyendo la estimulación eléctrica nerviosa transcutánea (TENS), parecen modificar la trasmisión de los impulsos dolorosos y reducir la intensidad del dolor en algunos pacientes.121 Sin embargo, un estudio controlado y aleatorio de TENS en la lumbalgia crónica no fue eficaz.122
El apoyo psicológico es importante para los pacientes con cáncer y dolor. La educación respecto a la causa del dolor, la relación del dolor con el cáncer subyacente y la evolución esperada del dolor son aspectos cruciales. El paciente debe comprender las razones por las que se ofrece un determinado tratamiento analgésico. Tranquilizar al paciente en relación con el miedo al uso de narcóticos mejora el cumplimiento. El estrés emocional o psicológico modifica la actitud del paciente hacia el dolor. Algunos pacientes pueden requerir psicoterapia de apoyo o evaluación psiquiátrica para la valoración y tratamiento de la depresión u otros padecimientos. Las técnicas de relajación, la imagen mental y la hipnosis, pueden introducirse como un adyuvante en cualquier fase del manejo farmacológico del dolor. Estas intervenciones psicológicas y farmacológicas pueden aumentar los efectos de los analgésicos y disminuir la ansiedad y el estrés emocional al aumentar la sensación de autonomía y control del paciente sobre su dolor.
Tratamiento del dolor en padecimientos seleccionados
Muchos procesos crónicos, incapacitantes o terminales pueden asociarse con dolor severo. Ejemplos incluyen el dolor asociado con SIDA, artritis y esclerosis múltiple, el dolor central después de un evento cerebrovascular, y el dolor musculoesquelético secundario a inmovilidad articular que complica enfermedades neurodegenerativas como enfermedad de Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica y enfermedad de Alzheimer. Los defectos al nacimiento relacionados con prematurez y los traumatismos durante el nacimiento que causan deficiencias neurológicas catastróficas pueden asociarse con dolor en el neonato que es especialmente problemático de evaluar y tratar. La investigación de la fisiología de la nocicepción en el sistema nervioso en vías de desarrollo apenas comienza, y la evaluación del dolor en los niños que aún no hablan es difícil.123
TRASTORNOS DOLOROSOS QUE COMPLICAN LA INFECCION POR VIH Y EL SIDA
El dolor es un problema significativo en el SIDA.5 Alrededor del 50 porciento de los síndromes dolorosos en los pacientes con SIDA se relacionan en forma directa con la infección por VIH y el 30 porciento se relaciona con el tratamiento para la infección por VIH. Los síntomas neuropáticos en los pacientes con SIDA y neuropatía periférica son frecuentes. Son comunes la polineuropatía aguda y crónica, la neuropatía sensorial distal simétrica, la plexopatía braquial, la neuralgia posherpética, la neuropatía craneal y las cefaleas por meningitis aguda y crónica. También se ha reportado un síndrome de dolor cental que se asocia con abscesos de toxoplasma en el tálamo.124 Otras complicaciones del SIDA incluyen la enfermedad gastrointestinal infecciosa que causa esofagitis y dolor abdominal, el dolor torácico por neumonía por neumocistis y las mialgias generalizadas.
DOLOR Y ENFERMEDAD DE CELULAS FALCIFORMES
Las hemoglobinopatías secundarias al fenotipo de células falciformes producen episodios de dolor agudo y crónico.4 El dolor es un indicador de severidad de la enfermedad, los pacientes que sufren más de tres episodios vasoclusivos por año tienen mayor mortalidad que los que tienen estos episodios con menos frecuencia.125 Los episodios de vasoclusión con isquemia e inferto provocan dolor focal agudo y severo en el hueso, músculo y visceral que caracteriza a la forma recesiva homocigota de la enfermedad.
SINDROMES DE DOLOR EN LA ESCLEROSIS MULTIPLE
Entre el 55 y el 82 porciento de los pacientes con esclerosis múltiple se quejan de dolor.6 Las descargas espontáneas y ectópicas en axones desmielinizados parecen ser la causa del dolor paroxístico, como la neuralgia del trigémino, que con frecuencia complica a la esclerosis múltiple. El dolor periorbitario con movimiento ocular de neuritis óptica puede deberse a tracción de las meninges que envuelven el nervio óptico edematizado. El dolor en las extremidades, en especial con un componente disestésico y sensaciones dolorosas como de descarga eléctrica (v.gr., signo de Lhermitte asociado con flexión del cuello) parece ser resultado de desmielinización de la columna posterior y conducción de impulsos efápticos. Otras causas de dolor en las extremidades y columna en la esclerosis múltiple se atribuyen a alteraciones musculoesqueléticas secundarias a la marcha anormal y postura típica de los pacientes con afección más severa.
ENFERMEDAD CEREBROVASCULAR
Se desarrolla dolor central posevento cerebrovascular en el 1 a 2 porciento de los pacientes. La menor sensación a la temperatura en el lado afectado casi siempre acompaña al dolor central.126 El síndrome de dolor central puede retrasarse durante varios años después del evento cerebrovascular. El dolor puede ser superficial o profundo, casi siempre es severo y puede asociarse con hiperalgesia y alodinia. Pueden ocurrir paroxismos de dolor severo, en ocasiones originados por estrés emocional o movimiento. Otra causa común de dolor en el paciente hemiplégico es el dolor mecánico del hombro no relacionado a la lesión central.126
LESION DE LA MEDULA ESPINAL
Puede ocurrir dolor central por una lesión traumática en cualquier nivel de la médula espinal, por lo general en el área del déficit en la médula o en las raíces somatosensoriales. Si la raíz nerviosa está lesionada, puede agregarse dolor neuropático en una distribución radicular al dolor central de origen medular. La fisiopatología del dolor central causado por una lesión de la médula espinal no es común, y no todas las personas con lesiones semejantes desarrollan dolor. Las lesiones traumáticas de la médula que se han reportado causan dolor central incluyen hemisección de la médula, hematomielia cervical, lesiones vasculares y siringomielia. Los esteroides en dosis altas administrados horas después de la lesión pueden aliviar el dolor agudo y ayudar a la recuperación de la función neurológica.127
Tratamiento del dolor en circunstancias especiales
DOLOR EN EL LACTANTE O NIÑO QUE NO HABLA
Aunque no es un problema común en la medicina paliativa, la evaluación y el tratamiento del dolor en el niño muy pequeño se asocia con riesgos importantes. En el feto humano están ya desarrolladas las vías neuroanatómicas necesarias para la percepción del dolor, y el análisis de las respuestas de comportamiento y fisiológicas a estímulos aparentemente dolorosos sugiere que el neonato humano percibe el dolor.128 Deben usarse agentes analgésicos y anestésicos en los procedimientos y cirugías que se sabe son dolorosos en personas mayores, o cuando el lactante responda en forma que muestre molestia. Las respuestas farmacocinéticas y farmacodinámicas a los agentes analgésicos y anestésicos en este grupo de edad son únicas.
DOLOR EN EL ANCIANO Y EN EL PACIENTE CON DEMENCIA
Ocurre dolor crónico en el 20 porciento de los pacientes mayores de 65 años.129 Los ancianos tienen mayor sensibilidad a los medicamentos con efectos sedantes (v.gr., opioides, antidepresivos tricíclicos, anticonvulsionantes y benzodiacepinas). El volumen de líquido corporal disminuye con la edad, y esto puede afectar la distribución y concentración de medicamentos como la morfina.130
Muchos medicamentos pueden inducir estados confusionales agudos en los ancianos y en especial en los pacientes con demencia. En los ancianos los mayores efectos adversos de los opioides incluyen constipación e hipotensión. Con ciertos opioides, como la meperidina, se acumulan metabolitos tóxicos, en especial en el caso de disfunción renal, que puede causar convulsiones, mioclonías, alucinaciones, inquietud y efectos psicomiméticos. Existe también mayor riesgo de interacciones farmacológicas. En general, los opioides y otros medicamentos que tienen vidas medias en plasma cortas (v.gr., la morfina, la hidromorfona y la oxicodona) son preferibles a los de vida media larga (v.gr., metadona o levorfanol). Cuando un medicamento tiene vida media corta existe menos probabilidad de que se acumule con las dosis repetidas y, por lo tanto, de que cause confusión.
Bibliografía
-
Mersky H, Bogduk N: Ckassification of Chronic Pain: Descriptions
of Chronic Pain Syndromes and Definitions of Pain Terms, 2nd ed. IASP Press,
Seattle, 1994, p 212
-
Woolf CJ, Thompson SWN: The induction and maintenance of
central sensitization is dependent on N-methyl-d-aspartic acid receptor
activation: implications for the treatment of post-injury pain hypersensitivity
states. Pain 44:293, 1991 [PMID
1828878]
-
Foley KM: Pain syndromes in patients with cancer. Pain Management:
Theory and Practice. Portenoy RK, Kanner R, Eds. FA Davis Co, Philadelphia,
1996, p 191
-
Payne R: Pain management in sickle cell anemia. Anesthesiol
Clin North Am 15:2, 1997
-
Hewitt DJ, McDonald M, Portenoy RK, et al: Pain syndromes
and etiologies in ambulatory AIDS patients. Pain 70:117, 1997 [PMID
9150284]
-
Stenager E, Knudsen L, Jensen K: Acute and chronic
pain syndromes in multiple sclerosis: a 5-year follow-up study. Ital J
Neurol Sci 16:629, 1995 [PMID
8838789]
-
Romano JM, Turner JA: Chronic pain and depression: does the
evidence support a relationship? Psychol Bull 97:18, 1985
-
Bonica JJ: Pain research and therapy: past and current status
and future needs. Pain, Discomfort and Humanitarian Care. Ng LKY, Bonica
JJ, Eds. Elsevier, New York, 1980, p 1
-
Jacox AK, Carr DB, Payne R, et al: Acute pain management:
operative or medical procedures and trauma. Clinical practice guideline.
Agency for Health Care Policy and Research (AHCPR Publication No. 92-0032),
Rockville, Maryland, 1992 [see
Web link]
-
Cleeland CS, Gonin R, Harfield AK, et al: Pain and its treatment
in outpatients with metastatic cancer. N Engl J Med 330:592, 1994 [PMID
7508092]
-
Jacox AK, Carr DB, Payne R et al: Management of cancer pain
(Clinical Practice guideline No. 9). Agency for Health Care Policy and
Research (AHCPR Publication No. 94-0592), Rockville, Maryland, 1994
-
Jacox A, Carr DB, Payne R: Special report: new clinical practice
guidelines for the management of pain in patients with cancer. N Engl J
Med 330:651, 1994 [PMID
7508094]
-
Payne R, Gonzales G: Pathophysiology of cancer pain and other
terminal diseases. Textbook of Palliative Medicine, 2nd ed. Doyle D, Hanks
GWC, McDonald N, Eds. Oxford University Press, Oxford, England, 1997, p
299
-
Stanton-Hicks M, Janis W, Hassenbusch S, et al: Reflex sympathetic
dystrophy: changing concepts and taxonomy. Pain 63:127, 1995 [PMID
8577483]
-
Cervero F: Visceral pain: proceedings of the fifth world
congress on pain. Pain Res Clin Manage 3:216, 1988
-
McMahon SB, Koltzenberg M: Silent afferents and visceral
pain: pharmacological approaches to the treatment of chronic pain fields:
new concepts and critical issues. Progress in Pain Research and Management,
Vol 1. Fields HL, Liebeskind JC, Eds. IASP Press, Seattle, 1994, p 11
-
Casey KL: Pain and Central Nervous System Disease: The Central
Pain Syndromes. Raven Press, New York, 1991
-
Wall P, Gutnic M: Ongoing activity in peripheral nerves:
the physiology and pharmacology of impulses originating from a neuroma.
Exp Neurol 43:580, 1974 [PMID
4827166]
-
Albe-Fessard DG, Lombard MC: Use of an animal model to evaluate
the origin of and protection against deafferentation pain. Advances in
Pain Research and Therapy, Vol 5. Bonica JJ, Lindblom ULF, Iggo A, Eds.
Raven Press, New York, 1983, p 691
-
Max M: Antidepressants as analgesics. Progress in Pain Research
and Management, Vol 1. Fields HL, Liebeskin JC, Eds. IASP Press, Seattle,
1994, p 229
-
Swerdlow M: Anticonvulsant drugs and chronic pain. Clin Neuropharmacol
7:51, 1984
-
Treede RD, Davis KD, Campbell JN, et al: The plasticity of
cutaneous hyperalgesia during sympathetic ganglion blockade in patients
with neuropathic pain. Brain 115:607, 1992 [PMID
1606484]
- Willis WD: The Neural Basis of Nociceptive Transmission in the Mammalian Nervous System. S Karger, Basel, Switzerland, 1985
-
Fields HL: Pain. McGraw-Hill Book Co, New York, 1987, p 13
-
Martin JH: Coding and processing of sensory information.
Principles of Neural Science, 3rd ed. Kandel ER, Schwartz JH, Jessell TM,
Eds. Appleton & Lange, Stamford, Connecticut, 1991, p 329
-
Fields HL, Besson JM, Eds: Pain modulation. Prog Brain Res
77:1, 1988
-
Stea RA: Pain and somatosensory activation. Trends Neurosci
7:250, 1992
-
Head H, Holmes G: Sensory disturbances
-
Anand KJS, Craig KD: New perspectives on the definition of
pain. Pain 67:3, 1996
-
Raja S, Meyer RA, Campbell JN: Hyperalgesia and sensitization
of primary afferent fibers. Pain Syndromes in Neurology. Fields HL, Ed.
Butterworth, London, 1990, p 19
-
Levine JD, Fields HL, Basbaum AI: Peptides and the primary
afferent nociceptor. J Neurosci 13:2273, 1993 [PMID
8501507]
-
Watkins LR, Maier SF, Goehler LE: Immune activation: the
role of pro-inflammatory cytokines in inflammation, illness responses and
pathological pain states. Pain 63:289, 1995 [PMID
8719529]
-
Torebjork HE, Hallin RG: Identification of afferent C units
in intact human skin nerves. Brain Res 67:387, 1974 [PMID
4470432]
-
Torebjork HE, Ochoa JL: Specific sensations evoked by activity
in single identified sensory units in man. Acta Physiol Scand 110:445,
1980 [PMID
7234450]
-
La Motte RH, Chain CN, Simone DA, et al: Neurogenic hyperalgesia.
J Neurophysiol 66:190, 1991
-
Devchand PR, Keller H, Peters JM, et al: The PPARa
-leukotriene B4 pathway to inflammation control. Nature 384:39,
1996 [PMID
8900274]
-
Heller PH, Green PG, Tanner KD, et al: Peripheral neural
contributions to inflammation. Pharmacologic Approaches to the Treatment
of Chronic Pain: New Concepts and Critical Issues. Fields HL, Liebeskind
JC, Eds. IASP Press, Seattle, 1995, p 31
-
Gonzales RG, Goldyne ME, Taiwo YO, et al: Production of hyperalgesic
prostaglandins by sympathetic postganglionic neurons. J Neurochem 53:1595,
1989
-
Malmberg AB, Yaksh TL: Hyperalgesia mediated by spinal glutamate
or substance P receptor blocked by spinal cyclooxygenase inhibition. Science
257:1276, 1992 [PMID
1381521]
-
Stein C: The control of pain in peripheral tissues by opioids.
N Engl J Med 332:1685, 1995
-
Antonijevic I, Mousa SA, Schafer M, et al: Perineural defect
and peripheral opioid analgesia in inflammation. J Neurosci 15:165, 1995
[PMID
7823127]
-
Sibinga NES, Goldstein A: Opioid peptides and opioid receptors
in cells of the immune system. Annu Rev Immunol 6:219, 1988
-
Stein C, Comise K, Haimerl E, et al: Analgesic effect of
intraarticular morphine after arthroscopic knee surgery. N Engl J Med 325:1123,
1991 [PMID
1653901]
-
Cervero F, Iggo A: The substantia gelatinosa of the spinal
cord: a critical review. Brain 103:717, 1980 [PMID
7437888]
-
Gordth T, Kaarlsten R, Kristensen J: Intervention with spinal
NMDA, adenosine, and NO systems for pain modulation. Ann Med 27:229, 1995
-
Elliott K, Minami N, Kolesnikow, et al: The NMDA receptor
antagonists, LY274614 and MK-801, and the nitric oxide synthetase inhibitor,
NG-nitro-L-arginine, attenuate analgesic tolerance to the mu-opioid morphine
but not to the kappa opioids. Pain 56:69, 1994 [PMID
7512709]
-
Giesler GJ, Kattern JT, Dado RJ: Direct spinal pathways to
the limbic system for nociceptive information. Trends Neurosci 17:244,
1994 [PMID
7521085]
-
Besson JM, Chaouch A: Peripheral and spinal mechanisms of
nociception. Physiol Rev 67:67, 1987 [PMID
3543978]
-
Marchand S, Bushnell MC, Molina-Negor P, et al: The effects
of dorsal column stimulation on measures of clinical and experimental pain
in man. Pain 45:249, 1991 [PMID
1876434]
-
Penfield W, Boldrey E: Somatic motor and sensory representation
in the cerebral cortex of man as studied by electrical stimulation. Brain
60:389, 1937
-
Berthier M, Starkstein S, Leiguarda R: Asymbolia for pain:
a sensory-limbic disconnection syndrome. Ann Neurol 24:41, 1988 [PMID
3415199]
-
Casey KL, Minoshima S, Berger KL, et al: Positron emission
tomography analysis of cerebral structures activated specifically by repetitive
noxious heat stimuli. J Neurophysiol 2:802, 1994
-
Craig AD, Reiman EM, Evans A, et al: Functional imaging of
an illusion of pain. Nature 384:258, 1996 [PMID
8918874]
-
Hsieh JC, Belfrage M, Stone-Elander S, et al: Central representation
of chronic ongoing neuropathic pain studied by positron emission tomography.
Pain 63:225, 1995 [PMID
8628589]
-
Iadarola MJ, Max MB, Berman KF, et al: Unilateral decrease
in thalamic activity observed with positron emission tomography in patients
with chronic neuropathic pain. Pain 63:55, 1995 [PMID
8577491]
-
Rainville P, Duncan GH, Price DD, et al: Pain affect encoded
in human anterior cingulate but not somatosensory cortex. Science 277:968,
1997 [PMID
9252330]
-
Hassenbusch SJ, Pillay P, Barnett GH: Radiofrequency cingulotomy
for intractable cancer pain using stereotaxis guided by magnetic resonance
imaging. Neurosurg 27:220, 1990
-
Basbaum AI, Fields HL: Endogenous pain control mechanisms:
review and hypothesis. Ann Neurol 4:451, 1978 [PMID
216303]
-
Taiwo YO, Fabian H, Pazoles CJ, et al: Potentiation of MS
anti-nociception by monoamine reuptake inhibitors in rat spinal cord. Pain
21:329, 1985 [PMID
4000684]
-
Max MB, Lynch SA, Muir J, et al: Effects of desipramine,
amitriptyline, and fluoxetine on pain in diabetic neuropathy. N Engl J
Med 326:1250, 1992 [PMID
1560801]
-
Eisenach JC, DuPen SL, Dubois M, et al: Epidural clonidine
analgesia for intractable cancer pain. Pain 61:391, 1995 [PMID
7478682]
-
Raja SN, Turquist JL, Meleka S, et al: Monitoring adequacy
of a -adrenoceptor blockade following systemic
phentolamine administration. Pain 64:197, 1996 [PMID
8867263]
-
von Roenn JH, Cleeland CS, Gonin R, et al: Physician attitudes
and practice in cancer pain management: a survey from the Eastern Cooperative
Oncology Group. Ann Intern Med 119:121, 1993
-
Deyo RA: Magnetic resonance imaging of the lumbar spine:
terrific test or tar baby? N Engl J Med 331:115, 1994
-
Payne R: Pharmacologic management of pain. Principles and
Practice of Supportive Oncology. Berger A, Portenoy RK, Weissman D, et
al, Eds. Lippincott-Raven, Philadelphia, 1997 (in press)
-
Cancer pain relief and palliative care: report of a WHO expert
committee, 3rd ed. World Health Organization, Geneva, 1996
-
Portenoy RK: Chronic opioid therapy for nonmalignant pain:
from models to practice. APS J 1:285, 1992
-
Zech DFJ, Grond S, Lynch J, et al: Validation of World Health
Organization guidelines for cancer pain relief: a 10 year prospective study.
Pain 63:55, 1995
-
Portenoy RK, Kanner RM: Nonopioid and adjuvant analgesics.
Pain Management: Theory and Practice. Portenoy RK, Kanner RM, Eds. FA Davis
Co, Philadelphia, 1995, p 219
-
Vane JR: Inhibition of prostaglandin synthesis as a mechanism
of action for aspirin-like drugs. Nature 234:231, 1971
-
Eisenberg E, Carr DB, Chalmers TC: Neurolytic celiac plexus
block for treatment of cancer pain: a meta-analysis. BMJ 312:1563, 1996
-
Henry D, Lim LL, Garcia Rodriguez LAG, et al: Variability
in risk of gastrointestinal complications with individual non-steroidal
anti-inflammatory drugs: results of a collaborative meta-analysis. BMJ
312:1563, 1996 [PMID
8664664]
-
Mitchell JA, Akarasereenont P, Thiemermann C, et al: Selectivity
of nonsteroidal anti-inflammatory drugs as inhibitors of constitutive and
inducible cyclooxygenase. Proc Natl Acad Sci USA 90:11693, 1993 [PMID
8265610]
-
Perneger TV, Whelton PK, Klag MJ: Risk of kidney failure
associated with the use of acetaminophen and nonsteroidal anti-inflammatory
drugs. N Engl J Med 331:1675, 1994 [PMID
7969358]
-
Levy MH: Pharmacologic treatment of cancer pain. N Engl J
Med 335:1124, 1996
-
Portenoy RK, Hagen NA: Breakthrough pain: definition, prevalence
and characteristics. Pain 41:273, 1990 [PMID
1697056]
-
Portenoy RK, Foley KM, Inturrisi CE: The nature of opoid
reponsiveness and its implications for neuropathic pain: new hypotheses
derived from studies of opoid infusions. Pain 43:273, 1990 [PMID
1705692]
-
Tseng C, Wang S, Lai M, et al: Formation of morphine from
codeine in Chinese subjects of different CYP2D6 genotypes. Clin Pharmacol
Ther 60:177, 1996 [PMID
8823235]
-
Kaiko RF, Wallenstein SL, Rogers AG, et al: Sources of variation
in analgesic responses in cancer patients with chronic pain receiving morphine
Pain 15:191, 1996
-
Gear RW, Miaskowski C, Gordon NC, et al: Kappa-opioids produce
significantly greater analgesia in women than in men. Nat Med 2:1248, 1996
[PMID
8898754]
-
Kaiko RF, Foley KM, Grabinski PY, et al: Central nervous
system excitatory effects of meperidine in cancer patients. Ann Neurol
13:180, 1983 [PMID
6187275]
-
Galer BS, Coyle N, Pasternak GW, et al: Individual
variability in the response to different opioids: report of five cases.
Pain 49:87, 1992 [PMID
1375728]
-
Foley KM: Changing concepts of tolerance to opioids:
what the cancer patient has taught us. Current and Emerging Issues in Cancer
Pain: Research and Practice. Chapman CR, Foley KM, Eds. Raven Press, New
York, 1993, p 331
-
Olofsson S, Weitzner MA, Valentine AD: A retrospective study
of psychiatric management and outcome of delirium in the cancer patient.
Supportive Care Cancer 4:351, 1996
-
Manfreidi PL, Ribeiro S, Chandler SW, et al: Inappropriate
use of naloxone in cancer patients with pain. J Pain Symptom Manage 11:131,
1996
-
Moulin DE, Kreeft JH, Murray-Parson N, et al: Comparison
of continuous subcutaneous and intravenous hydromorphone infusion for management
of cancer pain. Lancet 337:465, 1991 [PMID
1704089]
-
Portenoy RK, Payne R: Acute and chronic pain. Substance Abuse:
A Comprehensive Textbook, 3rd ed. Lowinson JH, Ruiz P, Millman R, Eds.
Williams & Williams Co, Philadelphia, 1997, p 563
-
Joranson DE, Cleeland CS, Weissman DE, et al: Opioids for
chronic cancer and non-cancer pain: a survey of state medical board members.
Federation Bulletin 1:15, 1992
-
Max MB, Lynch SA, Muir J, et al: Effects of desipramine,
amitriptyline, and fluoxetine on pain in diabetic neuropathy. N Engl J
Med 326:1250, 1992 [PMID
1560801]
-
Sindrup SH, Gram LF, Brosen K, et al: The selective serotonin
reuptake inhibitor paroxetine is effective in the treatment of diabetic
neuropathy symptoms. Pain 42:135, 1990 [PMID
2147235]
-
Swerdlow M, Cundill JG: Anticonvulsant drugs used in the
treatment of lancinating pain: a comparison. Anesthesia 36:1129, 1981
-
Eisele JH, Grigsby EJ, Dea G: Clonazepam treatment of myoclonic
contractions associated with high-dose opioids: case report. Pain 49:231,
1992 [PMID
1376887]
-
Rowbotham MC, Reisner-Keller LA, Fields HL: Both intravenous
lidocaine and morphine reduce the pain of postherpetic neuralgia. Neurology
41:1024, 1991 [PMID
1712433]
-
Kastrup J, Peterson P, Dejgard A, et al: Treatment of painful
diabetic neuropathy with intravenous lidocaine infusion. BMJ 292:173, 1986
-
Bruera E, Ripamonti C, Brenneis C, et al: A randomized double-blind
crossover trial of intravenous lidocaine in the treatment of neuropathic
cancer pain. J Pain Symptom Manage 7:138, 1992
-
Dejegard A, Peterson P, Kastrup J: Mexiletine for the treatment
of chronic painful diabetic neuropathy. Lancet 1:9, 1988
-
Rowbotham MC: Topical analgesic agents. Pharmacological Approaches
to the Treatment of Chronic Pain: New Concepts and Critical Issues. Fields
HL, Liebeskind JC, Eds. IASP Press, Seattle, 1994, p 211
-
Treatment of painful diabetic neuropathy with topical capsaicin:
a multicenter, double-blind, vehicle-controlled study. The Capsaicin Study
Group. Arch Intern Med 151:2225, 1991
-
Watson CP, Evans RJ: The post-mastectomy pain syndrome and
topical capsaicin: a randomized trial. Pain 38:177, 1989 [PMID
2780073]
-
Laska EM, Sunshine A, Mueller F, et al: Caffeine as an analgesic
adjuvant. JAMA 252:1711, 1984
-
Bruera E, Chadwick S, Brenneis C, et al: Methylphenidate
associated with narcotics for the treatment of cancer pain. Cancer Treat
Rep 71:67, 1987 [PMID
3791269]
-
Payne R: Role of epidural and intrathecal narcotics and peptides
in the management of cancer pain. Med Clin North Am 71:313, 1987
-
Gourlay GK, Plummer JL, Cherry DA, et al: Comparison of intermittent
bolus with continuous infusion of epidural morphine in the treatment of
severe cancer pain. Pain 47:135, 1991 [PMID
1762806]
-
Ferrer-Brechner T: Anesthetic techniques for the management
of cancer pain. Cancer 63:2343, 1989
-
Nitescu P, Sjoberg M, Appelgren L, et al: Complications
of intrathecal opioids and bupivacaine in the treatment of "refractory"
cancer pain. Clin J Pain 11:45, 1995 [PMID
7540439]
-
DuPen SL, Peterson DG, Williams A, et al: Infection during
chronic epidural catheterization: diagnosis and treatment. Anesthesiology
73:905, 1990
-
Eisenach JC, DuPen SL, Dubois M, et al: Epidural clonidine
analgesia for intractable cancer pain. Pain 61:391, 1995 [PMID
7478682]
-
DuPen SL, Kharasch ED, Williams A, et al: Chronic epidural
bupivacaine-opioid infusion in intractable cancer pain. Pain 49:293, 1992
-
Sutton IR, Cousins MJ: Anesthetic techniques for pain control.
Pain Management: Theory and Practice. Portenoy RK, Kanner RM, Eds. FA Davis
Co, Philadelphia, 1996, p 277
-
Eisenberg E, Carr DB, Chalmers TC: Neurolytic celiac plexus
block for treatment of cancer pain: a meta-analysis. Anesth Analg 80:290,
1995 [PMID
7818115]
-
Plancarte R, Amescua C, Patt RB, et al: Superior hypogastric
plexus block for pelvic cancer pain. Anesthesiology 73:236, 1990 [PMID
2382849]
-
North RB: Neurosurgical procedures for chronic pain: general
neurosurgical practice. Clin Neurosurg 40:182, 1993
-
Sanders M, Zuurmond W: Safety of unilateral and bilateral
percutaneous cervical cordotomy in 80 terminally ill cancer patients. J
Clin Oncol 13:1509, 1995 [PMID
7751899]
-
Hirshberg RM, Al-Chaer ED, Lawand NB, et al: Is there a pathway
in the posterior funiculus that signals visceral pain? Pain 67:291, 1996
-
Nauta HJ, Hewitt E, Westlund KN, et al: Surgical interruption
of a midline dorsal column visceral pain pathway: case report and review
of the literature. J Neurosurgery 86:538, 1997
-
Sindou M, Lapras C: Neurosurgical treatment for pain in the
Pancoast-Tobias syndrome: selective posterior rhizotomy and open anterolateral
C2 cordotomy. Advances in Pain Research and Therapy, Vol 4. Bonica JJ,
Ventafridda V, Pagni C, Eds. Raven Press, New York, 1982
-
Coggeshall RE: Afferent fibers in the ventral root. Neurosurgery
4:443, 1979
-
Hassenbusch SJ, Pillay P, Barnett GH: Radiofrequency cingulotomy
for intractable cancer pain using stereotaxis guided by magnetic resonance
imaging. Neurosurgery 27:220, 1990 [PMID
2200976]
-
Levin AB, Katz J, Benson RC: Treatment of pain of diffuse
metastatic cancer by stereotactic chemical hypophysectomy: long term results
and observations on mechanism of action. Neurosurgery 6:258, 1980 [PMID
6991970]
-
Brennan MJ: Psychiatric approaches to pain management. Pain
Management: Theory and Practice. Portenoy RK, Kanner RM, Eds. FA Davis
Co, Philadelphia, 1996, p 312
-
Deyo R, Walsh NE, Schoenfield LS, et al: Can trials of physical
treatments be blinded? The example of transcutaneous electrical nerve stimulation
for chronic pain. Arch Phys Med Rehab 69:174, 1988
-
Arnand KJS, Hickey PR: Pain and its effects in the
human neonate and fetus. N Engl J Med 317:1321, 1987
-
Gonzales GR, Herskovitz S, Rosenblum M, et al: Clinicopathologic
correlation of Dejerine-Roussy Syndrome (DRS) caused by CNS toxoplasmosis
in patients with AIDS. Neurology 40(suppl 1):1170, 1990
-
Platt OS, Branbilla DJ, Rosse WF: Mortality in sickle cell
disease: life expectancy and risk factors for early death. N Engl J Med
330:1639, 1994 [PMID
7993409]
-
Tasker RR: Pain resulting from central nervous system pathology
(central pain). The Management of Pain, 2nd ed. Bonica JJ, Ed. Lea and
Febiger, Philadelphia, 1990, p 267
-
Akdemir H, Pasaoglu A, Ozturk F, et al: Histopathology of
experimental spinal cord trauma: comparison of treatment with TRH, naloxone,
and dexamethasone. Res Exp Med (Berl) 192:177, 1992
-
Owen JA, Sitar DS, Berger L, et al: Age-related morphine
kinetics. Clin Pharmacol Ther 34:364, 1983
-
Crook J, Rideout E, Brown G: The prevalence of pain complaints
in a general population. Pain 18:299, 1984 [PMID
6728496]
-
Ferrell B, Ferrell B: Pain in the Elderly. IASP Press, Seattle,
1997

