Contenido del artículo
XI SINDROME DE INMUNODEFICIENCIA ADQUIRIDA
- Epidemiología
- Manifestaciones clínicas e historia natural
- Diagnóstico y evaluación clínica inicial
- Vacunas y profilaxis para infecciones oportunistas
- Enfoque clínico para el tratamiento antirretroviral
- Tratamiento antirretroviral
- ANALOGOS DE NUCLEOSIDO INHIBIDORES DE LA TRANSCRIPTASA INVERSA
- INHIBIDORES NO NUCLEOSIDOS DE LA TRANSCRIPTASA INVERSA
- INHIBIDORES DE LA PROTEASA DEL VIH-1
- Resistencia a los medicamentos antirretrovirales
- Prevención de la trasmisión perinatal del VIH-1
- Prevención de la trasmisión nosocomial del VIH-1
DR. ROBERT T. SCHOOLEY
Epidemiología
Desde la identificación inicial de cinco casos del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) en Los Angeles en 1981, el número de casos reportados ha aumentado en forma progresiva y la epidemia se ha diseminado hasta volverse una pandemia mundial.1 Para 1995 se habían reportado a la Organización Mundial de la Salud 1.25 millones de casos de SIDA. Sin embargo, este número es significativamente menor al número real de casos en todo el mundo. De mayor significado son los datos que sugieren que alrededor de 20 millones de personas están infectadas con el principal agente etiológico del síndrome, el virus de inmunodeficiencia humana tipo 1 (VIH-1). Un retrovirus relacionado, el VIH-2, puede causar también SIDA, aunque por lo general es menos patogénico que el VIH-1. El VIH-2 se distribuye principalmente en Africa Occidental, aunque se han encontrado algunos casos en Estados Unidos. Alrededor de la mitad de todos los casos de infección por VIH-1 se localizan en la región sub-Sahara de Africa. Asia, con más de cinco millones de casos, es el continente en el que la infección se disemina con más rapidez. La epidemia continúa expandiéndose en Sudamérica, pero parece haber alcanzado una meseta en Norteamérica y en Europa.
El VIH-l se trasmite por contacto sexual íntimo, por contaminación por sangre y por trasmisión vertical. La epidemiología mundial del VIH-1 es un reflejo directo de los patrones de trasmisión del virus. La distribución de los casos de SIDA varía de una localización geográfica a otra, dependiendo de las rutas iniciales por las que se introdujo el VIH-1 a la población. En los Estados Unidos la epidemia se concentró al inicio en los varones homosexuales. El patrón epidemiológico observado al principio en los Estados Unidos ha evolucionado en forma continua desde los primeros años de la epidemia y es diferente a la de otras partes del mundo, en especial los países en vías de desarrollo. En los Estados Unidos la epidemia se concentró al inicio entre los hombres homosexuales y fue cambiando en forma gradual para incluir una mayor proporción de personas que adquirieron el VIH-1 por uso de drogas intravenosas o contacto heterosexual íntimo [ver figura 2]. El número de mujeres, afroamericanos e hispánicos infectados con el VIH-1 ha crecido también en forma constante. En los países en vías de desarrollo el virus se disemina principalmente por contacto heterosexual y afecta a ambos sexos en forma más equilibrada que en los países occidentales.
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Comparado con la trasmisión sexual, el contacto con sangre y la transfusión de derivados de la sangre infectados son vías más eficaces de trasmisión del VIH-1. Si no se emplea una medida antirretroviral, entre el 15 a 35 porciento de los hijos de madres infectadas por el VIH-1 adquirirán el virus.4 Al inicio de la epidemia existía preocupación de que el virus pudiera trasmitirse por contacto casual en el lugar de trabajo, escuelas u hospitales. Sin embargo, después de una década y media, la concentración continua del virus exclusivamente entre personas con los comportamientos de riesgo identificados al principio de la epidemia constituye una evidencia certera de que el VIH-1 no se trasmite por contacto casual. Esta observación es una base importante para las decisiones públicas actuales.
El conocimiento sobre los modos de trasmisión del VIH-1 ha tenido un impacto importante sobre el tipo de diseminación del virus. La trasmisión por contacto sexual íntimo ha disminuido mucho con el uso adecuado de preservativos.5 La trasmisión del VIH-1 a través de sangre y sus derivados y de trasplante de órganos se ha eliminado casi por completo al no aceptar donadores de alto riesgo y emplear escrutinio serológico para VIH-1. Se calcula que en los Estados Unidos el riesgo de adquirir el VIH-1 después de recibir una unidad de sangre es de uno en 500,000.6 El uso de zidovudina (también conocida como AZT) en el periodo perinatal se asocia con una reducción aproximada del 67 porciento en el riesgo de trasmisión del VIH-1.7 Se calcula que la profilaxis posexposición con la zidovudina después de lesiones con agujas contaminadas reduce el riesgo de adquirir el VIH-1 hasta en un 80 porciento.8
Manifestaciones clínicas e historia natural
El SIDA es la última fase de un proceso patológico que tiene una evolución promedio de una década. Las fases iniciales de la infección por el VIH-1 pueden ser subclínicas o asociarse con un síndrome semejante a la mononucleosis caracterizado por una combinación de síntomas que pueden incluir fiebre, una erupción maculopapular fugaz, meningitis aséptica y linfadenopatía.9,10 Esta constelación de síntomas se observa en el 40 a 60 porciento de los pacientes con infección primaria por VIH-1, y su identificación depende en mucho de la capacidad de sospecha por parte del médico. Cuando se observa, el síndrome de infección primaria suele presentarse cuatro a ocho semanas después de la adquisición del virus y se resuelve en forma espontánea en dos a cuatro semanas, después de lo cual la mayoría de los pacientes no presentan manifestaciones clínicas durante un periodo de seis a 10 años.
A pesar del silencio clínico después de la infección primaria, ocurre replicación viral a gran velocidad.11,134 La velocidad de progresión de la enfermedad varía en cada persona y parece depender de factores tanto virales como del huésped. Las concentraciones en plasma del ARN del VIH-l son muy predictivas de la velocidad de progresión inmunológica y clínica [ver figura 3].14 El grado de disfunción inmunológica se mide de la mejor forma por medio de la cuenta de células T CD4+. Al disminuir las células T CD4+ por debajo de 200 células/mm3, el riesgo de infecciones oportunistas asociadas al VIH-1 aumenta y el número de personas asintomáticas disminuye en forma progresiva [ver figura 4].
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Diagnóstico y evaluación clínica inicial
La infección por VIH-1 suele diagnosticarse después de un resultado positivo en la prueba serológica que fue realizada por alguna manifestación clínica o por factores de comportamiento de riesgo. El clínico debe conocer las manifestaciones clínicas iniciales y los comportamientos relacionados con la adquisición del virus para poder recomendar a los pacientes la prueba serológica de detección del VIH-1.
Los principales factores de riesgo de infección por VIH-1 son el contacto íntimo heterosexual u homosexual entre varones con una persona infectada y el uso de drogas por vía parenteral. Sin embargo, es importante enfatizar que al progresar la epidemia en los Estados Unidos y afectar otros segmentos de la población además de las categorías de alto riesgo, ha sido necesario considerar otras situaciones en las que debe tenerse un alto índice de sospecha para sugerir la realización de la prueba de VIH-1. En algunos casos, como en un embarazo, se recomienda realizar la prueba en prácticamente todas las pacientes. Existe un menor riesgo con la exposición laboral en hospitales y ante el antecedente de transfusión sanguínea o trasplante de un órgano, en especial si el procedimiento tuvo lugar después de 1985, cuando se inició la prueba serológica en todas las unidades de sangre en los Estados Unidos. Los síntomas clínicos que justifican la realización de la prueba de VIH-1 incluyen cualquier infección oportunista que se asocie con VIH-l (v.gr., neumonía por Pneumocystis carinii, criptococosis e infección por citomegalovirus [CMV]), neoplasias oportunistas (v.gr., sarcoma de Kaposi), o los signos llamados más suaves, como moniliasis oral o vaginal, leucoplasia peluda, herpes zoster (sobre todo en personas menores de 50 años), eccema de reciente aparición o que empeora o dermatitis seborreica en un adulto, o linfadenopatía o pérdida de peso. Las alteraciones de laboratorio que obligan a realizar una prueba de VIH-1 incluyen leucopenia inexplicable (en especial con linfopenia concomitante) y trombocitopenia. En ocasiones personas asintomáticas son diagnosticadas como con infección por VIH-1 cuando su prueba es positiva al donar sangre o cuando se someten al estudio para solicitar un seguro de vida. Las pruebas serológicas actuales, la mayoría de las cuales se basan en un ensayo inmunosorbente ligado a enzimas (ELISA) son muy sensibles y específicas para el VIH-l. Los resultados positivos con ELISA deben confirmarse por una segunda prueba, como Western blot, que detecta anticuerpos contra los antígenos específicos del VIH-1. Si el paciente ha tenido una exposición reciente la prueba serológica debe repetirse a las seis, 12 semanas y seis meses después de la exposición para dar suficiente tiempo para la posible seroconversión. Cuando se piensa en la posibilidad de infección primaria por VIH-l durante el periodo de seroconversión, se recomienda buscar el antígeno p24 del VIH-l o el ARN del mismo en plasma o suero. Esto permite la detección de la infección en el periodo llamado de ventana, antes de la aparición de anticuerpos contra el VIH-1.
Una vez que se establece el diagnóstico de infección por VIH-l, lo mejor es referir al paciente a un médico especializado en este padecimiento.15 La evaluación inicial debe incluir la revisión del estado clínico del paciente, consejo sobre el riesgo de trasmitir la infección a otras personas, y la discusión sobre si debe realizarse prueba de VIH a otras personas que han tenido contacto íntimo con el paciente. Las dimensiones psicosociales de esta entrevista inicial son muy grandes, y deben incluir una evaluación del estado mental del paciente y del apoyo social disponible.
Deben investigarse en forma cuidadosa los síntomas y signos clínicos de infección por VIH-1, y se realiza una evaluación de laboratorio para determinar la severidad de la infección y el riesgo de reactivación de patógenos oportunistas [ver tabla 1]. Ciertas manifestaciones clínicas, incluyendo moniliasis oral o los síntomas generales importantes conocidos como síntomas B, sugieren una enfermedad más avanzada y propensión a progresión más rápida de la enfermedad. La cuenta de células T CD4+ es el indicador más útil de riesgo inmediato para infecciones oportunistas, mientras que el nivel de ARN de VIH-1 en el plasma es el mejor predictor de la velocidad de progresión clínica e inmunológica. El riesgo de infecciones oportunistas asociadas al VIH-1 aumenta en forma progresiva al disminuir la cuenta de células T CD4+ a menos de 200 células/mm3 [ver figura 4]. Ciertos patógenos, como P. carinii y Mycobacterium tuberculosis, tienen más probabilidad de presentarse como manifestación inicial de la infección por VIH-1 con cuentas de células T CD4+ más altas (v.gr., alrededor de 200 células/mm3), mientras que otros patógenos, como CMV y Toxoplasma gondii, suelen encontrarse con cuentas de células TCD4+ más bajas (v.gr., 50 a 100 células/mm3). Debe enfatizarse que la ocurrencia de estas infecciones varía mucho de paciente a paciente, y que el riesgo de infecciones específicas aumenta en forma progresiva al empeorar la disfunción inmunológica. El riesgo de progresión de la enfermedad correlaciona en forma directa con la concentración de ARN del VIH- 1 en el plasma [ver figura 3]. Esta información pronostica suele ser de interés para el paciente y proporciona datos útiles para planear las estrategias iniciales de tratamiento antirretroviral [ver adelante, Tratamiento antirretroviral].
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Es importante establecer la presencia de patógenos (incluyendo T. gondii, M. tuberculosis y CMV) que pueden reactivarse si no se toman medidas preventivas al disminuir la función inmunológica. También deben investigarse patógenos que comparten vías de trasmisión con el VIH-1, como Treponema pallidum y virus de la hepatitis B (VHB). Estos datos deben tabularse y ser parte de un flujograma que se usará para la toma de decisiones terapéuticas.
Vacunas y profilaxis para infecciones oportunistas
Las personas infectadas por el VIH-1 tienen mayor riesgo de infección por patógenos específicos virales, micóticos, bacterianos y micobacterianos. Muchos de estos patógenos pueden causar también infección en personas con inmunodeficiencia congénita, adquirida o inducida. En la mayoría de los casos de infección por VIH-1, los síndromes clínicos producidos por los patógenos oportunistas representan la reactivación de infecciones latentes adquiridas en etapas tempranas de la vida y que se vuelven asintomáticas al disminuir la inmunidad celular. Por lo tanto, la distribución de los síndromes clínicos en una población determinada depende en parte del reservorio de patógenos latentes en esa población. En los Estados Unidos, las infecciones oportunistas observadas con más frecuencia incluyen la neumonía por P. carinii , la infección por CMV, la infección diseminada por complejo M. avium y la encefalitis por T. gondii . La complicación neoplásica más común incluye el sarcoma de Kaposi y el linfoma de células B. La morbilidad por estas complicaciones se ha reducido mucho por el uso más agresivo de profilaxis primaria y secundaria (ver adelante) y la mejor capacidad de los clínicos para reconocer las manifestaciones clínicas tempranas, facilitando el tratamiento temprano eficaz de los individuos con infección inicial.
El tratamiento médico inicial de la infección por VIH-1 se determina principalmente por la fase de la enfermedad e incluye tratamiento antirretroviral [ver adelante, Tratamiento antirretroviral] y profilaxis contra las infecciones oportunistas por medio de vacunas y medicamentos. Las vacunas producen mejores respuestas inmunológicas en las personas con cuentas más altas de células T CD4+. Aunque los datos son insuficientes como para indicar un número específico de células T CD4+ por debajo del cual las vacunas pierdan su eficacia, el consenso de la mayoría de los investigadores es que la respuesta a las vacunas disminuye cuando las células T CD4+ son menos de 500 a 200/mm3. Ciertas vacunas de virus vivos atenuados, como la vacuna de polio oral y la de la vaccinia, no deben administrarse a las personas con infección por VIH-1.
Datos aislados muestran que el tratamiento antirretroviral se asocia con una mejor respuesta a la vacuna neumocócica, por lo que algunos clínicos recomiendan que si se piensa administrar esta vacuna en personas candidatos a tratamiento antirretroviral, la vacunación se posponga hasta cuatro a seis semanas después de iniciado el primero.16 Esta medida tiene la ventaja de bloquear cualquier inicio de replicación viral que pudiera asociarse con la activación de las céluas T inducida por la vacuna.17,18 Aunque faltan datos sobre eficacia clínica, la mayoría de los especialistas recomiendan el uso de vacuna neumocócica en todos los pacientes no vacunados antes.
Algunos especialistas recomiendan que la vacunación contra la hepatitis B se reserve para los pacientes con mayor riesgo. La vacuna de la influenza es motivo de controversia por los datos que indican que la vacunación se asocia con un aumento transitorio en el ARN del VIH-1, aunque no se ha demostrado que este cambio implique algún riesgo. Debido a que la infección de la influenza puede tener un efecto más profundo y prolongado sobre los niveles del ARN del VIH-1 en el plasma, es aconsejable vacunar a las personas que puedan tener una respuesta inmunológica cubriéndolos con tratamiento antirretroviral.
La profilaxis contra patógenos oportunistas también es un componente importante del manejo del paciente. Los enfermos con prueba positiva para la prueba cutánea con derivado proteico purificado de tuberculina (PPD) deben recibir tratamiento profiláctico con isoniacida. Aunque las pruebas con PPD pueden ser falsas negativas en personas con infección por VIH-l avanzada que residen en áreas donde el riesgo de tuberculosis es alto, no se recomienda el tratamiento profiláctico empírico. Se recomienda la profilaxis contra P. carinii en pacientes con historia de neumonía por este germen y cuyas cuentas de células T CD4+ sean menores de 200 células/mm3. La presencia de moniliasis oral, síntomas sistémicos B o ambos, es un dato predictor independiente de neumonía por P. carinii e indica la necesidad de instituir profilaxis primaria.19 También debe administrarse profilaxis contra T. gondii en personas infectadas por el VIH-1 que sean seropositivas para este organismo. Debido a que T. gondii rara vez causa encefalitis en personas con cuentas de células T CD4+ mayores de 50 células/mm3, la profilaxis debe retrasarse hasta las fases tardías del SIDA. El uso de trimetoprim sulfametoxazol para la profilaxis contra P. carinii proporciona también profilaxis contra T. gondii. Los datos sobre la eficacia del dapsone o atovaquone como agentes profilácticos son menos concluyentes.
La profilaxis primaria contra otros patógenos asociados al VIH-1 es más compleja, pero debe ser parte integral de la estrategia de tratamiento inicial. Se ha demostrado que la infección por complejo M. avium en pacientes con SIDA puede prevenirse en parte por el uso de rifabutina, claritromicina o azitromicina.20,22 La mayoría de los clínicos reservan estos agentes para personas con cuentas de células T CD4+ por debajo de 75 a 100 células/mm3. El uso de estos agentes aumenta el costo, complejidad y toxicidad del tratamiento de los pacientes con SIDA, en especial en la etapa de tratamiento de inhibidor de la proteasa del VIH-1, además de las interacciones medicamentosas [ver adelante, Tratamiento antirretroviral, Inhibidor de la proteasa del VIH- 1]. Además, el uso de macrólidos para profilaxis primaria puede inducir resistencia, con lo que estos agentes no serán útiles para el tratamiento de infecciones establecidas posteriores. Sin embargo, por lo menos uno de estos agentes (i.e., claritromicina) parece aumentar la supervivencia. La profilaxis primaria contra la infección por el complejo M. avium en pacientes con SIDA es cada vez más importante, y debe emplearse siempre que sea factible y el paciente la tolere.
Se comprobó que el tratamiento con ganciclovir disminuyó el riesgo de retinitis por CMV en un estudio aleatorio controlado con placebo en el que los pacientes fueron vigilados en forma prospectiva por oftalmólogos.23 En otro estudio, en el que se vigiló a los pacientes de cerca (i.e., detectando molestias clínicas visuales y no por oftalmoscopio indirecto), el ganciclovir no evitó los síntomas de enfermedad retiniana.24 Debido al costo y toxicidad del ganciclovir, comparado con sus beneficios, en la actualidad no se recomienda la profilaxis contra CMV con este agente.
Enfoque clínico para el tratamiento antirretroviral
En algún momento fue posible ofrecer un flujograma relativamente simple para el uso de agentes antirretrovirales en el tratamiento de la infección por el VIH-1. Sin embargo, al aumentar el número de agentes antirretrovirales con toxicidad que no se superpone y al aumentar los perfiles de resistencia, el número de posibles combinaciones y secuencias de los medicamentos aumenta cada vez más rápido. Por lo tanto, no es una opción el seleccionar esquemas específicos comparando todas las combinaciones posibles con base en los estudios clínicos reportados. El uso adecuado de los agentes antirretrovirales requiere del conocimiento de los conceptos actuales sobre patogenia del VIH-1 , de conocer las herramientas virológicas, inmunológicas y clínicas para estadificar la enfermedad, y de comprender a fondo la actividad, farmacología, toxicidad y resistencia de los agentes antirretrovirales autorizados y experimentales. Aunque no es adecuado el mismo esquema en todos los pacientes, varios principios generales pueden guiar al clínico en este aspecto del tratamiento del paciente.25
El tratamiento antirretroviral no es necesario en todas las personas infectadas por el VIH-1. Sin embargo, gracias a una mejor apreciación del papel de la replicación viral en la patogenia de la infección por el VIH-1 y a la disponibilidad de mayor número de agentes menos tóxicos, en la actualidad se recomienda que una gran proporción de los pacientes infectados por VIH-1 sean tratados con agentes antirretrovirales. La mayoría de los especialistas recomiendan el tratamiento para todas las personas infectadas con cuenta de células T CD4+ menor de 500 células/mm3, aunque algunos difieren el inicio del tratamiento en personas con cuentras estables en el rango de 300 a 500 células/ mm3 y menos de 5,000 copias/mm3 de ARN de VIH-1 en plasma. El mayor riesgo de progresión de la enfermedad para personas con cuentas celulares por arriba de 500 células/mm3 y 5,000 a 10,000 copias de ARN de VIH-1 en plasma sugiere que debe ofrecerse también quimioterapia antirretroviral a las personas asintomáticas en esta categoría, aunque no existen en la actualidad datos clínicos de estudios prospectivos que apoyen esta recomendación.
Varios estudios clínicos han demostrado que el monotratamiento con zidovudina es inferior al monotratamiento con didanosina (2',3'-dideoxinosina, también conocida como ddI) o la combinación de zidovudina y didanosina.26-28 Sin embargo, los esquemas fijos empleados en estos estudios reflejan el momento en que se planearon y realizaron estos estudios, en lugar del enfoque actual.
Cuando se inicia el tratamiento antirretroviral el objetivo en la mayoría de los casos es disminuir el número de copias de ARN de VIH-1 en plasma a menos de 500 copias/mm3. Este enfoque proporciona el máximo beneficio agudo en términos de reconstitución del sistema inmunológico y reducción de la progresión de la enfermedad, y es mucho más probable que retrase la aparición de variantes virales resistentes a los medicamentos que el enfoque previo, en el que los medicamentos se empleaban en forma aislada y secuencial, con efectos antivirales subóptimos.
En general, el tratamiento debe comenzar con por lo menos dos agentes [ver adelante, Tratamiento antirretroviral]. Muchos clínicos recomiendan a la zidovudina y la lamivudina [(-)-2'-deoxi-3'-tiacitidina, también conocida como 3TC] como el esquema inicial de elección para la mayoría de los pacientes. Para los enfermos que no toleran la zidovudina, también es aceptable una combinación de didanosina y estavudina (2'-3'-didehidro-3'-deoxitimidina, también conocida como D4T). Para algunos pacientes es adecuado agregar un tercer agente al esquema inicial, esta decisión depende de varios factores, que son la fase de la enfermedad, la velocidad de progresión, la concentración inicial de ARN de VIH-1 en plasma y la respuesta virológica inicial al tratamiento. Las opciones para un tercer medicamento incluyen al indinavir, el ritonavir y el nevirapine. Los pacientes deben notificar sobre efectos tóxicos y avisar a su médico si tienen dificultades para cumplir con el tratamiento.
Independientemente del esquema que se emplee, todos los pacientes deben revisarse cuatro a seis semanas después del inicio del tratamiento, momento en el que el esquema debe intensificarse o modificarse si el paciente no lo está cumpliendo o si no se observa una reducción sustancial en los niveles de ARN de VIH-1 en el plasma. Aunque la mayor parte de la reducción en el nivel de ARN de VIH-1 en el plasma se observa en las primeras dos a tres semanas después del inicio del tratamiento, se presenta una fase terminal más lenta de reducción en la carga viral con varios de los esquemas de combinación. Por lo tanto, es adecuado tomar una decisión final sobre la utilidad del esquema terapéutico ocho a 16 semanas después de iniciado si se observa una reducción sustancial en la carga viral a las dos o cuatro semanas. Si no se presenta cambio o este es mínimo en el ARN del VIH-1 en plasma después de varias semanas de tratamiento, debe ponerse en duda el cumplimiento del mismo o suponer resistencia previa a uno o más medicamentos del esquema.
Una vez que el esquema inicial ha logrado un control adecuado de la replicación viral, los pacientes deben ser citados aproximadamente cada tres meses para evaluar toxicidad y pérdida del efecto antirretroviral, que se evidencia por la concentración en plasma del ARN del VIH-1. Debe enfatizarse que las vacunas y las infecciones intercurrentes pueden aumentar en forma transitoria el nivel de ARN del VIH-l en plasma, y no deben tomarse decisiones terapéuticas con base en una sola determinación.17,18,29 Cuando se pierde el control de la replicación viral el clínico debe modificar el esquema, generalmente sustituyendo por lo menos dos medicamentos por agentes nuevos. Estos se eligen con base en la tolerancia y la posibilidad de reacción cruzada con el agente administrado antes. Aunque la progresión clínica y la pérdida de células T CD4+ se han usado como indicadores del fracaso del tratamiento antirretroviral, estos parámetros son menos sensibles que los parámetros virológicos y no deben usarse más como indicadores primarios de fracaso terapéutico.
El manejo de los esquemas retrovirales en las fases tardías del SIDA se complica por la mayor frecuencia de intolerancia y de interacción medicamentosa. Sin embargo, incluso en las fases tardías del SIDA, la mayoría de los pacientes pueden tratarse con uno o más medicamentos antirretrovirales. El tratamiento debe suspenderse si no se toleran los medicamentos por interacción con otros agentes que requiera el paciente o si no puede demostrarse evidencia de actividad antirretroviral por técnicas de cuantificación del ARN del VIH-1 en el plasma.
Tratamiento antirretroviral
El interés en el papel del tratamiento antirretroviral para la infección por VIH-1 se renovó al conocer mejor la patogenia del SIDA. La infección por VIH-1 es un proceso dinámico caracterizado por niveles constantemente altos de replicación viral desde las fases iniciales de infección hasta las etapas tardías12,13,30. Aunque aún deben definirse muchos de los mecanismos por los que la infección por VIH-l causa disfunción inmunológica, estudios recientes in vivo de parámetros virales e inmunológicos en el contexto de intervenciones antirretrovirales más potentes han establecido con firmeza una relación directa entre la replicación viral, la depleción de células T CD4+ y el estadio clínico de progresión de la enfermedad.14,31 Estos estudios han demostrado que se crean diario 1010 viriones, aunado con la destrucción de alrededor de 109 células T CD4+.14 Cuando se emplean los medicamentos de tal forma que permiten que continúe la replicación viral en presencia de presión selectiva, el nivel masivo de replicación viral y la velocidad de mutación causan una amplia diversidad del virus y la aparición de cepas resistentes a los medicamentos en días a meses después de iniciado el tratamiento.
Los agentes antirretrovirales están dirigidos contra dos enzimas virales principales: la transcriptasa inversa y la proteasa del VIH-l. Los agentes se han desarrollado bajo la suposición de que puede lograrse inhibición específica de estos pasos esenciales en el ciclo vital del virus sin un impacto significativo en el metabolismo de las células huésped. Los agentes dirigidos contra la enzima transcriptasa inversa viral incluyen a los análogos de nucleósido y a los inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa inversa (INNTI). También se ha desarrollado un grupo diverso de inhibidores de la proteasa (ver adelante).
ANALOGOS DE NUCLEOSIDO INHIBIDORES DE LA TRANSCRIPTASA INVERSA
Los análogos de nucleósido inhibidores de la transcriptasa inversa han demostrado ser una clase útil, aunque relativamente débil, de inhibidores de la replicación del VIH-1. En general, se observa una reducción en el nivel de ARN de VIH-l en plasma de menos de 1 log10 cuando se inician estos medicamentos como monoterapia en personas no tratadas antes.26 Sin embargo, incluso este grado de reducción en la replicación viral se asocia con un aumento temporal en el número de células T CD4+ y, dependiendo de la población estudiada, un beneficio clínico moderado.32,34
Zidovudina
La zidovudina se desarrolló al inicio, antes de la época del SIDA, como un posible agente antineoplásico. Se administra en dosis de 500 a 600 mg por vía oral diario en tres dosis divididas. Desde el punto de vista práctico, los pacientes pueden tomar dos tabletas de 100 mg por la mañana, una o dos al medio día y dos por la noche. En Europa el medicamento suele administrarse en dosis de 250 mg dos veces al día.
Farmacocinética La zidovudina se absorbe con rapidez por el tubo digestivo. Se acumula en los linfocitos, monocitos y otras células y debe fosforilarse dentro de la célula por enzimas de la célula huésped para formar su análogo trifosfato que es el que tiene actividad antiviral. Aunque la vida media en plasma de la molécula original es de menos de una hora, la vida media de seis horas del trifosfato de zidovudina en el compartimiento intracelular permite administrarla en intervalos de 8 a 12 horas. La zidovudina se glucoroniza por las enzimas hepáticas y se excreta en la orina.
Toxicidad El principal efecto tóxico que limita la dosis de la zidovudina es la supresión de la mielopoyesis y la eritropoyesis.33 Se desarrolla macrocitosis de la serie eritrocítica con tanta regularidad durante las primeras seis a 12 semanas de tratamiento que el aumento en el volumen corpuscular medio puede tomarse como un indicador indirecto del cumplimiento del tratamiento. El desarrollo de anemia y granulocitopenia se relaciona con la dosis y la fase de la enfermedad, aunque algunas personas con fases tempranas de infección por VIH-1 pueden desarrollar anemia o granulocitopenia severas. La supresión de la médula ósea se exacerba por el uso concomitante de otros medicamentos inmunosupresores, como ganciclovir y los antimetabolitos usados en el tratamiento de las complicaciones oncológicas asociadas al VIH-1.
Además de los efectos de la zidovudina sobre la médula ósea, el medicamento causa anorexia, cefalea o ambas en alrededor del 15 porciento de los pacientes.33 Estos efectos tóxicos se resuelven las primeras una a dos semanas de tratamiento en la mitad de los pacientes afectados. Sin embargo, en hasta el 10 porciento de los pacientes los síntomas son tan molestos que obligan a suspender el medicamento. En general, los efectos adversos no justifican administrar medicamentos adicionales para intentar aliviarlos.
Se han notificado otros efectos adversos menos comunes de la zidovudina. Aunque muy raro, el más serio es la falla hepática, que puede ser mediada por un mecanismo semejante al de la fialuridina.35 Debido a que esta complicación parece ocurrir con más frecuencia en pacientes con daño hepático previo, obesidad o ambos, han surgido dudas sobre si existe una verdadera relación causal entre el uso de zidovudina y la falla hepática. Sin embargo, los médicos que usan zidovudina y otros análogos de nucleósidos inhibidores de la transcriptasa inversa deben estar al pendiente de este efecto tóxico y de su asociación con ciertas condiciones predisponentes.
Utilidad clínica El primer estudio clínico sobre la zidovudina para el tratamiento de la infección por VIH-1 se realizó con personas en fase avanzada y antes de la época de la profilaxis primaria y secundaria para las infecciones oportunistas asociadas al SIDA.32,33 En estas circunstancias, el medicamento tenía un impacto importante pero breve sobre la progresión de la enfermedad y la supervivencia del paciente.32 El tratamiento con zidovudina se asoció con aumento en las cuentas de células T CD4+, mejoría en la inmunidad mediada por células (evaluada por reacciones cutáneas de hipersensibilidad tardía) y un incremento importante en la progresión y mortalidad por la enfermedad. En estudios subsecuentes realizados en poblaciones más sanas durante la época de profilaxis contra P. carinii, el monotratamiento con zidovudina se asoció con beneficios clínicos más modestos.34,36-41 Aunque algunos investigadores han interpretado estos estudios como evidencia de que el uso de zidovudina no causa beneficio clínico, los resultados son completamente compatibles con los nuevos conceptos sobre patogenia de la enfermedad. La zidovudina tiene una actividad antiviral relativamente modesta cuando se usa sola, y han surgido especies resistentes como resultado de la replicación viral persistente en presencia de transcripción inversa con errores.42,43 Estos estudios clínicos han demostrado que el monotratamiento con zidovudina retrasa la evidencia clínica de progresión de la enfermedad en pacientes sin tratamiento previo con cuentas de células T CD4+ por debajo de 500/mm3. La zidovudina también previene o revierte la encefalopatía por VIH o el complejo de demencia por SIDA.44 Solo se han demostrado reducciones en la mortalidad en personas en las fases más tardías de la enfermedad.32 Se ha comprobado que los tratamientos que incluyen didanosina o combinaciones de zidovudina y didanosina o zalcitabina se asocian con evoluciones significativamente mejores que el monotratamiento con zidovudina. Por lo tanto, quedan pocas indicaciones para el uso de zidovudina como agente aislado.27,28
Didanosina
La didanosina fue el segundo análogo de nucleósido inhibidor de la transcriptasa inversa que se evaluó.45,46 Al igual que la zidovudina, la didanosina surgió de un gran grupo de agentes potencialmente antineoplásicos que se habían desarrollado antes de que se descubriera el SIDA. La didanosina se dosifica por peso. Los pacientes de 60 kg o más deben recibir 200 mg dos veces al día, los que pesan menos de 60 kg deben recibir 125 mg dos veces al día.
Farmacocinética La didanosina se administra por vía oral como un profármaco inosina y está compuesto con un amortiguador dirigido al ácido gástrico por la labilidad de la dideoxiadenosina al ácido. La dideoxiadenosina se metaboliza a su derivado trifosfato en el compartimiento intracelular. Se fabrica como una tableta masticable que no todos los pacientes aceptan por ser de gran tamaño y consistencia firme; sin embargo, en la actualidad se cuenta ya con una tableta de menor tamaño. La absorción de la didanosina disminuye con los alimentos. El medicamento se administra dos veces al día. Los niveles en líquido cefalorraquídeo son de alrededor del 20 porciento de los niveles séricos.
Toxicidad Los principales efectos tóxicos asociados con la didanosina son la pancreatitis y la neuropatía periférica.45-48 Estos efectos adversos se relacionan con la dosis y son más comunes en personas de edad avanzada. La neuropatía periférica asociada con didanosina suele ser reversible al suspender el medicamento. Muchos pacientes toleran su reanudación a dosis menor. Por desgracia, las personas que han sufrido neuropatía periférica tienen mayor riesgo de desarrollar esta complicación al recibir zalcitabina o estavudina.
La pancreatitis asociada con didanosina es potencial mente mortal. Ocurre con mas frecuencia en pacientes con enfermedad avanzada, con diabetes y en enfermos que han tenido episodios previos de pancreatitis (en los que, por lo general, es mejor evitar este medicamento). La pancreatitis puede ocurrir en cualquier momento después del inicio del fármaco y con tal rapidez que la vigilancia regular de la amilasa o lipasa séricas no es útil para prevenir esta complicación.47 Los pacientes que inician el tratamiento con didanosina deben ser advertidos sobre la posibilidad de neuropatía periférica y pancreatitis y se les indicará suspender de inmediato el medicamento si se desarrolla neuropatía o dolor abdominal. Si se presenta dolor abdominal el paciente debe solicitar atención médica inmediata e investigarse la posibilidad de pancreatitis antes de reiniciar el tratamiento con didanosina.
Utilidad clínica La didanosina se ha evaluado en personas con manifestaciones moderadas a avanzadas de la infección por VIH-1.45-50 Muchas de estas investigaciones estudiaron a personas que habían usado antes zidovudina. Se demostró que la didanosina es superior a la zidovudina respecto a sus efectos antivirales e inmunoduladores y confiere beneficios clínicos adicionales en pacientes que han usado zidovudina.45-48,50 Recientemente se ha demostrado que la didanosina es superior a la zidovudina en pacientes sin tratamiento previo y que tienen cuentas de células T CD4+ de 200 a 500/mm3.27 Este estudio examinó pacientes que se encontraban en fases más tempranas de la infección por VIH-1 que los pacientes en un estudio previo en que la zidovudina pareció ser mejor que la didanosina como tratamiento inicial.49 Las diferencias en estos dos estudios pueden atribuirse a la fase de la enfermedad (en vista de la fosforilación preferencial de la zidovudina en linfocitos activados) o a la mayor duración del estudio del AIDS Clinical Trial Group 175 (lo que sugiere un efecto más duradero de la didanosina). Ambos estudios sugieren que la monoterapia con didanosina es una opción muy razonable como tratamiento inicial en personas en las que se elige monoterapia y que la mayoría de los enfermos tratados con zidovudina durante un periodo prolongado deben cambiar a didanosina o a un esquema de combinación.
Zalcitabina
La zalcitabina (también conocida como dideoxicitosina o ddC) es un análogo de nucléosido inhibidor de la transcriptasa inversa que tiene una potente actividad antirretroviral in vitro. Sin embargo, el aumento en la dosis está limitado por que causa neuropatía periférica, por lo que la zalcitabina solo se usa en esquemas de combinación o para el tratamiento de pacientes que no toleran o no responden a la zidovudina y a la didanosina. La zalcitabina se administra en dosis de 0.75 mg tres veces al día.
Farmacocinética La zalcitabina está disponible para administración oral y tiene una vida media intracelular de tres a cuatro horas como su derivado trifosfato, lo que es suficiente para poder administrarla tres veces al día.51 Su biodisponibilidad no se afecta de modo significativo con los alimentos.
Toxicidad La neuropatía periférica es el efecto tóxico más importante que limita la dosis de la zalcitabina. Esta complicación, que se relaciona con la dosis y la fase de la enfermedad, ocurre en dosis por debajo de las que tienen actividad antirretroviral máxima in vivo.51 Cuando el medicamento se suspende pronto la neuropatía suele ser reversible, después de la resolución de los síntomas muchos pacientes toleran el reinicio del medicamento en dosis menores. Pocos pacientes presentan evidencia subjetiva u objetiva de toxicidad por la zalcitabina diferente a la neuropatía periférica. Debido a su fórmula adecuada y al esquema de dosificación, la zalcitabina se ha usado mucho en personas con SIDA avanzado que no toleran otros agentes antirretrovirales.
Utilidad clínica Debido a la limitación en la dosis, la zalcitabina tiene muy poca utilidad como agente único. Se ha demostrado que es tan bueno o mejor que la didanosina en personas con SIDA avanzado que son intolerantes al tratamiento con zidovudina o en quienes la zidovudina ha fracasado.47 Con pocas excepciones, el medicamento no debe usarse como agente único. Es posible que el tratamiento con zalcitabina como agente único cada vez se use menos al aparecer nuevos agentes terapéuticos.
Estavudina
Como la zidovudina, la estavudina es un análogo de la timidina con actividad antirretroviral significativa in vitro.52 El medicamento se ha probado en pacientes con infección moderada a avanzada, en especial en los que han usado zidovudina antes.53-55 La estavudina se administra de acuerdo con el peso del paciente. Las personas que pesan 60 o más kg deben iniciar con 40 mg de estavudina dos veces al día, mientras que las que pesan menos de 60 kg deben recibir 30 mg dos veces al día.
Farmacocinética La estavudina se absorbe bien después de su administración oral y tiene una vida media intracelular de 3.5 horas como su derivado trifosforilado, lo que permite administrarla tres veces al día.53 El medicamento alcanza niveles en LCR que corresponden al 25 a 50 porciento de la concentración en suero. Como con la zalcitabina, la dosis está limitada por la neuropatía periférica.
Toxicidad La neuropatía periférica, que se ha observado en alrededor del 15 porciento de los pacientes que reciben estavudina, es el principal efecto adverso.54-56 Este efecto tóxico se relaciona con la dosis y se observa con más frecuencia en pacientes con infección avanzada por VIH-1 y en pacientes que han tenido ya neuropatía periférica asociada a otros análogos de nucleósido. La neuropatía periférica asociada a la estavudina es reversible si el medicamento se suspende pronto, alrededor de la mitad de los pacientes toleran reanudar el medicamento a la mitad de la dosis original. También se ha observado hepatitis como efecto adverso,54,55,57 que se presenta en la misma proporción de pacientes en los que se desarrolla la neuropatía periférica y casi siempre es reversible al suspender el medicamento.57 Aunque ocurre hepatitis en una fracción significativa de pacientes, esta rara vez es grave si el medicamento se suspende al detectar elevaciones significativas en las enzimas hepatocelulares séricas. La estavudina causa macrocitosis de eritrocitos, pero rara vez se asocia con anemia.
Utilidad clínica La estavudina está indicada principalmente para usarse en pacientes con historia de exposición a la zidovudina. El estudio clínico más extenso que comparó la estavudina con la zidovudina en personas con tratamiento previo con zidovudina durante un promedio de 18 meses, la estavudina causó aumento en las células T CD4+, alrededor de 50 células/mm3 más que el tratamiento continuo con zidovudina. Existió una franca tendencia hacia la mejoría clínica, aunque la diferencia en la progresión de la enfermedad y la muerte entre los dos grupos de estudio no tuvo significado estadístico.55,57 El medicamento es muy bien tolerado por la mayoría de los pacientes y es más adecuado para quienes ya han usado zidovudina pero que no son candidatos a tratamiento combinado.
Lamivudina
La lamivudina es un agente que debe usarse principalmente en combinación con la zidovudina por las interacciones únicas entre estos dos medicamentos respecto a las mutaciones resistentes. La lamivudina se administra en dosis de 150 mg dos veces por día.
Farmacocinética La mivudina tiene potente actividad antirretroviral in vitro y fue muy bien tolerada en los estudios clínicos iniciales de fase I.56,58 El medicamento se absorbe en forma rápida y completa después de su administración oral y, como en el caso de otros análogos de nucleósidos inhibidores de la transcriptasa inversa, se fosforila dentro de la célula a su derivado trifosforilado.
Toxicidad La lamivudina es muy bien tolerada por la mayoría de los pacientes. El medicamento puede asociarse con supresión de los elementos eritroides y mieloides de la médula ósea. Sin embargo, esta complicación se relaciona con la dosis y estadio de la enfermedad y se observa con menos frecuencia con la lamivudina que con la zidovudina.
Utilidad clínica La lamivudina fue muy bien tolerada en los primeros estudios clínicos.53 El medicamento selecciona con rapidez las cepas virales resistentes tanto in vitro como in vivo al seleccionar una mutación en la posición 184 de la enzima transcriptasa inversa del VIH-1.58,59 Aunque la mutación en esta localización produce variantes virales que son muy resistentes a la lamivudina, el desarrollo de una mutación inducida por lamivudina en la posición 184 compromete la capacidad del virus para hacer mutaciones simultáneas que se asocien con resistencia a la zidovudina.60 Se han observado también mutaciones que antagonizan el desarrollo simultáneo de resistencia a dos o más agentes antirretrovirales con la didanosina y la zidovudina, y éstas se denominan mutaciones supresoras.61 Debido a estas mutaciones supresoras, el tratamiento combinado con lamivudina y zidovudina causa aumento en la cuenta de células T CD4+ y una reducción más importante y prolongada en la carga viral que el tratamiento con zidovudina sola.62,63 Este aumento importante en la magnitud y duración del indicador de respuesta, aunado con el hecho de que la lamivudina es muy bien tolerada, ha ocasionado que se acelere la autorización de la lamivudina para emplearse en combinación con zidovudina en personas infectadas por el VIH-1. Este tratamiento combinado está actualmente bajo evaluación en estudios clínicos que examinan sus posibles beneficios clínicos. Con base en los indicadores de respuesta, la combinación de zidovudina y lamivudina es el esquema preferido en pacientes infectados por VIH-1 sin tratamiento previo.
INHIBIDORES NO NUCLEOSIDOS DE LA TRANSCRIPTASA INVERSA
Los inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa inversa son una clase de inhibidores de la replicación del VIH-1 de estructura diversa que se desarrollaron al evaluar medicamentos en busca de actividad contra la transcriptasa inversadelVIH-1.64-69 Los INNTI, incluyendo el nevirapine y el de lavirdine, tienen actividad antirretroviral importante in vitro e in vivo y generan con rapidez variantes virales con sensibilidad significativamente reducida.70-73 Pudo demostrarse actividad antirretroviral sostenida en un grupo de pacientes que recibió dosis altas de nevirapine, lo que sugiere que al aumentar las concentraciones mínimas puede prolongarse la actividad antirretroviral.72 Sin embargo, un estudio reciente de delavirdine, en el que la dosis del medicamento se ajustó según la concentración en plasma, indicó que esta medida no evitó la aparición de resistencia.74 La rápida aparición de resistencia a estos medicamentos cuando se usan en forma aislada enfatiza la necesidad de administrarlos en combinación. El uso de nevirapine con zidovudina y didanosina ha demostrado tener actividad antiviral e inmunológica sostenida y prolongada in vivo.75 Este dato ha permitido acelerar la autorización del nevirapine para usarse en combinación con otros agentes antirretrovirales.
INHIBIDORES DE LA PROTEASA DEL VIH-1
El VIH-1 codifica una aspartil proteasa, un homodúnero compuesto de dos segmentos de 99 aminoácidos que fragmenta las poliproteínas del VIH-l que se sintetizan en fase temprana para formar sus componentes funcionales.
En ausencia de este proceso de proteólisis se sintetizan partículas virales no infecciosas y se rompe el ciclo de replicación. Más de una docena de investigadores han desarrollado potentes inhibidores de la proteasa del VIH-1, que ha demostrado ser un blanco excelente para los intentos de diseñar agentes terapéuticos con base en aspectos estructurales.76-84 Los primeros inhibidores de laproteasa que se desarrollaron eran poco solubles en solución acuosa y, por tanto, su biodisponibilidad era mínima. Sin embargo, repeticiones sucesivas del diseño molecular han originado una serie de compuestos que inhiben la proteasa del VIH-1 en concentraciones nanomolares y que son bastantebiodisponibles.85-87 Estos inhibidores de la protesa tienen potente actividad antirretroviral in vivo y en general son bien tolerados.85-91 Se han demostrado reducciones agudas en las concentraciones de ARN de VIH-1 en plasma en cifras cercanas a 1.5 a 2.0 log10 después del inicio de tratamiento con los inhibidores de la proteasa saquinavir, indinavir, ritonavir y nelfinavir.87-90
Saquinavir
El saquinavir fue el primer inhibidor de la proteasa con desarrollo clínico amplio. Es uno de los inhibidores más activos de la replicación in vitro del VIH-1 dentro de su clase77-83 y ha sido bien tolerado en los estudios clínicos.89,91 El principal reto para el desarrollo del saquinavir ha sido la limitación muy severa de la biodisponibilidad impuesta por el extenso metabolismo hepático de primer paso.91 La dosis recomendada en la actualidad es de 1,800 mg/día; sin embargo, cuando el medicamento se administra en dosis mayores se han demostrado efectos antivirales in vivo del mismo orden de magnitud que los logrados con indinavir y ritonavir.89 Debido a la biodisponibilidad relativamente limitada y a la muy difícil síntesis que complica el desarrollo comercial del medicamento, sus primeras aplicaciones clínicas se han dirigido al tratamiento combinado. Se ha demostrado que el saquinavir aumenta y prolonga los efectos antivirales y el beneficio inmunológico de la zidovudina y la zalcitabina.92,93 En un estudio clínico terminado recientemente y aún no publicado, se demostró que la combinación de saquinavir y zalcitabina produjo mayor reducción en la morbimortalidad en un grupo de pacientes tratados antes con zidovudina y con enfermedad avanzada, comparando saquinavir o zalcitabina solos. En la actualidad se desarrolla una forma alternativa de saquinavir que aumenta la biodisponibilidad por vía oral de cuatro hasta el 20 porciento. La fórmula de primera generación del saquinavir fue autorizada con rapidez por la Food and Drug Administration de los EUA en noviembre de 1995.
Indinavir
El indinavir también es muy activo in vitro, pero su biodisponibilidad es mucho mayor que la del saquinavir. En los estudios clínicos de fase I, el medicamento causó reducciones agudas en los niveles de ARN de VIH-1 de 2 log10, con un aumento significativo en la cuenta de células T CD4+ incluso en pacientes con tratamiento previo extenso.86 En muchos pacientes el indinavir se asocia con hiperbilirrubinemia transitoria que se parece a la causada por el síndrome de Gilbert. Esta complicación es reversible y no es dosis dependiente. El principal efecto tóxico dependiente de dosis es la formación de cálculos renales asociados con hematuria, y se ha demostrado que el medicamento es uno de los componentes de los cálculos. Aunque esta complicación se presentó en hasta el 15 porciento de los pacientes en los estudios en fase I, la mayor atención a una hidratación constante disminuyó la incidencia de nefrolitiasis en experiencias posteriores. El indinavir tiene sinergismo in vitro con los análogos de nucléosido inhibidores de la transcriptasa inversa. La combinación de indinavir, zidovudina y lamivudina es especialmente potente y causó reducciones en los niveles de ARN del VIH-1 en plasma a niveles por debajo de los detectables en el 90 porciento de los enfermos que participaron en un estudio y que habían recibido antes solo zidovudina.94 El indinavir fue autorizado en forma rápida por la FDA en 1996.
Ritonavir
El ritonavir es un potente inhibidor de la proteasa del VIH-1 que es muy biodisponible y que ha demostrado tener actividad antirretroviral significativa en los estudios clínicos de fase I.87,88 El medicamento es líquido y su sabor no es agradable, pero por lo demás es bien tolerado. El ritonavir fue el primer inhibidor de la proteasa que demostró beneficios clínicos, con un reporte de disminución en la mortalidad y progresión de la enfermedad en un grupo de personas con infección avanzada por VIH-1.95 El ritonavir fue autorizado en forma rápida por la FDA en 1996.
Resistencia a los medicamentos antirretrovirales
Debido a la alta velocidad de la replicación viral, la naturaleza tan propensa a errores de la transcriptasa inversa del VIH-1 y la incapacidad de los agentes antirretrovirales actualmente disponibles para inhibir por completo la replicación del VIH-1, la aparición de resistencia a los medicamentos antirretrovirales ha sido la consecuencia inevitable de la exposición a los medicamentos. La primera demostración de variantes virales con menor sensibilidad a la zidovudina se realizó en 1989.42,43 Desde entonces, se han demostrado variantes virales resistentes a todos los otros agentes antirretrovirales en uso.
Los mecanismos moleculares por los que el virus desarrolla resistencia a los agentes quimioterápicos antirretrovirales son diversos y complejos. En el caso de la zidovudina, la resistencia se desarrolla por fases, requiriéndose múltiples mutaciones para conferir un nivel alto de resistencia.42,43,96 Como podría esperarse por el tamaño en aumento del reservorio viral en replicación al avanzar la enfermedad, la resistencia tiende a desarrollarse más rápido en personas con infección más avanzada. Sin embargo, la velocidad a la que se desarrolla resistencia varía mucho de un paciente a otro.97 La cinética del desarrollo de resistencia es específico del medicamento. En general, se desarrolla resistencia a los INNTI con mucho más rapidez que a los análogos de nucleósidos, aunque la lamivudina es una clara excepción.59,71,86,98-101 Se ha reportado resistencia a la didanosina y a la zalcitabina, pero esta parece ocurrir con menos regularidad que en el caso de la zidovudina.100,101 La resistencia a los inhibidores de la proteasa del VIH-1 se desarrolla a una velocidad que es intermedia entre la observada en los análogos de nucleósido y los INNTI.86,89 Los estudios moleculares sugieren que el desarrollo de resistencia in vivo puede ser un reflejo tanto de selección de variantes preexistentes como de evolución de especies resistentes.102 La flexibilidad del VIH-1 en presencia de presión selectiva se ejemplifica mejor por la multiplicidad de mutaciones que el virus puede incorporar en presencia de múltiples medicamentos.
Ciertas adaptaciones moleculares parecen conferir al virus una desventaja selectiva significativa.103 Bajo ciertas circunstancias, estas interacciones moleculares parecen ser muy desventajosas para el virus, ocasionando mutaciones supresoras. Esto constituye la justificación para combinar el tratamiento seleccionando agentes específicos que participen en este mecanismo. Se han demostrado estas interacciones con las combinaciones de zidovudina y didanosina, zidovudina y lamivudina y zidovudina y ciertos INNTI. Por desgracia, estas interacciones solo son relativas, el virus al final desarrolla variantes moleculares novedosas que le permiten tener resistencia simultánea a los agentes de la combinación, superando las interacciones de las mutaciones supresoras.104-106
La resistencia a los inhibidores de la proteasa del VIH-1 también es compleja, incluyendo múltiples mutaciones que confieren un incremento gradual en la resistencia. La resistencia puede desarrollarse con más rapidez si el medicamento se administra a una dosis justo por encima de la requerida para producir una actividad antiviral máxima rápida. Los estudios de fase I de los inhibidores de la proteasa del VIH-1 han demostrado que se desarrolla resistencia con más lentitud si el virus se expone al inicio a concentraciones altas del medicamento, y no si se emplean al inicio dosis menores que después se aumentan.86 Aunque el análisis genotípico y fenotípico de las variantes resistentes a los inhibidores de la proteasa indican una superposición significativa entre los medicamentos de esta clase en términos de resistencia, también existen diferencias. El grado en el que la resistencia cruzada complica el uso clínico de estos agentes no se ha definido aún.
Las implicaciones clínicas de la resistencia también son complejas. En el caso de los INNTI, existe una correlación estrecha entre la aparición de variantes resistentes y la pérdida de actividad antiviral en vivo.13,71,73 Con los análogos de nucleósido, en especial con la zidovudina, y los inhibidores de la proteasa, en los que se requieren múltiples mutaciones para lograr un nivel alto de resistencia, la relación entre los cambios genotípicos y fenotípicos del virus asociados con resistencia y la pérdida de la actividad antiviral es mucho menos directa.42,62,86 La resistencia a un agente antirretroviral puede producir también otros cambios en el virus que tienen un impacto independiente sobre su comportamiento. Por ejemplo, la resistencia a la zidovudina se asocia con enfermedad más rápidamente progresiva, incluso en personas que son tratadas con otros agentes. como la didanosina. Esto sugiere que el fenotipo resistente da al virus cualidades patogénicas adicionales.107 Por otro lado, variantes virales que son 100 a 1000 veces menos sensibles a la lamivudina parecen replicarse con menos fuerza in vivo que la cepa parenteral, lo que sugiere que la mutación en la posición 184 podría dar al virus una desventaja selectiva.62 Estos factores, aunados con el costo de las pruebas de sensibilidad y la poca capacidad para extrapolar los resultados de sensibilidad in vitro a la situación in vivo, han contribuido a que la mayoría de los expertos concluyan que las pruebas de sensibilidad in vitro no son adecuadas para su aplicación general en el tratamiento clínico de los pacientes. Sin embargo, datos recientes sugieren que el incremento en la prevalencia de las variantes virales resistentes (incluso en pacientes sin tratamiento previo) y las mejoras en la tecnología, hacen posible que las pruebas de sensibilidad se vuelvan parte del tratamiento clínico durante los próximos años.108
Prevención de la trasmisión perinatal del VIH-1
La demostración de que el tratamiento con zidovudina disminuye el riesgo de trasmisión perinatal en 67 porciento es uno de los adelantos más importantes en el tratamiento antirretroviral.7 En este estudio aleatorio, doble ciego y controlado con placebo, la administración por vía oral de zidovudina en el periodo prenatal e intravenosa en el momento del parto para la madre y oral para el producto redujo la posibilidad de trasmisión del VIH-1 del 25 al ocho porciento, con poca o ninguna toxicidad para la madre o el niño. Aunque varios estudios han indicado que existe un mayor riesgo de trasmisión del VIH-1 por madres con enfermedad más avanzada y niveles más altos de ARN del VIH-1 en plasma, el efecto de la zidovudina para reducir la trasmisión no pareció estar mediada por su efecto sobre los niveles de ARN del VIH-1 en plasma materno. Además, no existió un umbral por debajo del cual no ocurriera trasmisión del VIH-1. Por lo tanto, debe administrarse tratamiento antirretroviral en todas las mujeres embarazadas infectadas por VIH-1 y sus productos. Estudios en progreso están investigando la posibilidad de que un tratamiento más agresivo pueda reducir aún más la trasmisión perinatal, y también se elaboran recomendaciones para mujeres que han sido tratadas con zidovudina y que pueden ser portadoras de variantes del virus resistentes a este medicamento.
Prevención de la trasmisión nosocomial del VIH-1
El riesgo global de adquirir el VIH-1 después de una exposición percutánea con un instrumento filoso contaminado con secreciones corporales infectadas es de uno en 300.8 El riesgo aumenta cuando la lesión tuvo lugar con una aguja con luz, cuando fue con un instrumento que estaba colocado en una cavidad corporal (v.gr., una arteria o vena) y cuando la lesión es más severa que un simple piquete con aguja. En un estudio retrospectivo de casos y controles, el uso de zidovudina después de la exposición percutánea se asoció con una reducción del 80 porciento del riesgo de trasmisión del VIH-1.8 Estos datos han causado que los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades en los EUA revisen sus recomendaciones para sugerir que el riesgo de adquirir el VIH-1 puede estratificarse según el tipo de lesión y que para todas las exposiciones significativas debe emplearse quimioprofilaxis de inmediato por lo menos con dos agentes a los que exista poca probabilidad de que el virus sea resistente [ver tabla 2].109
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*Cualquier exposición a virus de inmunodeficiencia
humana (VIH) concentrado (v.gr., en un laboratorio de investigación
o en un servicio de producción) se trata como una exposición
percutánea a sangre con muy alto riesgo..
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Tabla 2 Reimpresa de "Update": Provisional Public Health Service Recommendations for Chemoprophylaxis after Occupational Exposure to HIV," en Morbidity and Mortality Weekly Report 45:468, 1996.
Figura 2 Marcia Kammerer. Datos cortesía de los Centers for Disease Control and Prevention.
Figura 3 Marcia Kammerer. Datos de "Prognosis in HIV-1 Infection Predicted by the Quantity of Virus in Plasma," por J.W. Mellors, C.R. Rinaldo, Jr., P. Gupta, y cols. Science 272:1167, 1996.
Figura 4 Marcia Kammerer.
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